Confinada en el zaguán

Pedro Romeo Lizarraga|

Publicado el 05/07/2018 a las 09:26

La primera melodía que suena después del chupinazo. Txistus y Pamplonesa. Composición de Manuel Gainza para txistus y banda de música. Desde hace años se toca dentro del zaguán del Ayuntamiento por el riesgo -más que cierto, entonces- de que algún objeto les cayera encima a quienes estaban tocando.

El riesgo parece que se puede dar por finiquitado. Así lo expresaron en una “Mesa de los Sanfermines” tanto txistularis como gaiteros (que también sufren la “euforia desatada “ de los primeros momentos de fiestas). Desaparecido el riesgo, ¿hay argumento para continuar tocando “Gainza” dentro del zaguán, en lugar de en su sitio natural, la calle? La música que no se oye, ¿para qué se toca? ¿Tiene sentido que la música no se oiga? ¿Tiene sentido que Pamplonesa y txistularis toquen para sí? ¿Tiene sentido que la primera melodía que suena después del chupinazo no suene en la calle?

Las puertas “Que están abiertas para todos pero, sobre todo, el corazón”, se cierran para encerrar a la música en Sanfermines, las fiestas de la música en la calle. Tirar el chupinazo dentro el Ayuntamiento, hacer la procesión sin salir de San Lorenzo, las peñas, cada una en su local, sin pisar la calle…o, ¿por qué, no? Que las dianas se toquen todos los días dentro del zaguán, a puerta cerrada. Esa es la condena que sufre la ‘biribilketa’ de Gainza: música condenada -contra natura-al silencio. Porque la naturaleza de la música es que se oiga, y más en Sanfermines, y más si es nuestra música. Ayuntamiento, ¡abrid las puertas y, sobre todo, el corazón! Que salga la música a la calle, nuestra música, que empiecen las fiestas oyéndose “Gainza” en la plaza…¡No confinada en el zaguán!

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