Un gracias para... alguien
Publicado el 27/06/2018 a las 09:39
Tengo ‘ángeles de la guarda’. Lo sé. Es algo que se nota. Tienen distintos nombres y no sé siempre cómo se llaman. Pero están. Hace poco me pasó otra vez. Fui a Baluarte, se celebraba el Día del Donante, organizado por Adona (Asociación de Donantes de Navarra). Acudí para trabajar. Tenía que hacer la información para el periódico. De esas informaciones que son agradables, sobre cosas buenas que ocurren, que hay muchas. Como que la gente da sangre porque sí, por nada a cambio, a desconocidos. Ese día eran reconocidos unos cuantos donantes públicamente por esa labor. Yo escribí en mi cuaderno cómo transcurrió el acto, las palabras de unos y otros, y los testimonios de los galardonados por, nada más y nada menos, que haber regalado sangre 150 veces. Terminó el acto y fui a recoger el coche al aparcamiento de Baluarte. La carpeta, donde llevaba el cuaderno y la documentación sobre la jornada, la dejé en el exterior del coche y encima apoyé el bolso para buscar la llave y el tique correspondiente para pagar en la máquina. Uno de estos bolsos grandes donde lo que quieres está siempre al fondo. Cuando encontré lo que buscaba, cogí el bolso pero, ¡ay!, dejé la carpeta. Pagué, me metí en el coche, arranqué, salí del aparcamiento y me fui al periódico a escribir lo que había visto. La carpeta salió volando cuando puse el coche en marcha y no, no me di cuenta. Cuando llegué a la redacción fui a buscar la documentación y, claro, vi que no tenía la carpeta. Pensé que me la había dejado en el interior del coche. Pero no estaba. Hay sensaciones que solo se sienten si se viven. Esta era una de ellas. Decidí llamar al aparcamiento de Baluarte… “Pirororí, pirorí, pirorí… Diga,” escucho. “Al recoger el coche se me ha olvidado mi carpeta. ¿No le habrán entregado una?”, “¿Azul con rayas?” “Sí, sí”. “Aquí está. Me la acaban de entregar”. De repente, hubo más aire para respirar. Sonreí. “Ahora voy”. Y fui. La amable señora del aparcamiento me la dio sin problema. A ella le pude dar las gracias. Al que entregó la carpeta, mi carpeta con la documentación que necesitaba para escribir la información, no. Se las doy ahora. A ese nuevo, como yo los llamo, ‘ángel de la guarda’.
Marialuz Vicondoa Álvarez