A la presidenta del Gobierno de Navarra
Publicado el 19/06/2018 a las 08:40
El pasado 15 de mayo, en entrevista radiofónica, escuché a la presidenta del Gobierno de Navarra retar a quien se hubiera visto afectado por la imposición del euskera a que lo demostrara. Me llamo Yolanda Hernández Ortiz, soy pediatra de AP en Navarra. En la oposición de Pediatría del SNS-O en el año 2005 no pude acceder a una plaza fija por no tener el nivel de euskera requerido. Mientras tanto y como pediatra interina sí pude desempeñar mi trabajo en las zonas vascófonas de Etxarri Aranatz, Leitza-Goizueta…, durante más de 12 años, sin quejas de mis pacientes por no hablar euskera.
Como sabe la señora Barkos, estas oposiciones consisten en concurso (dos pruebas escritas) y posteriormente concurso de méritos (años de experiencia, docencia, doctorado, investigación, etc). A partir de ahí se elabora un listado por orden de puntuación, este listado se utiliza para elegir las plazas vacantes convocadas (pasando a ser funcionarios) y también para que al resto de aprobados se les ofrezca trabajar en las plazas que queden vacantes (pero como interinos). En la mencionada oposición de 2005 había 13 plazas vacantes. Yo quedé en decimotercera posición y sólo quedaba elegible la plaza de Alsasua, con requisito de euskera (Nivel B2: 5 años de Escuela Oficial de Idiomas). Como ningún opositor (incluida yo) cumplía este requisito, esta plaza quedó vacante. Así que me encontré con la paradoja de que no pude acceder a una plaza fija por no saber euskera pero, como me quedé la primera aprobada sin plaza, precisamente me ofrecieron la misma plaza (Alsasua) para trabajar como interina. Seguidamente me presenté a las oposiciones de Osakidetza, donde el euskera puntuaba muchísimo; pero un buen examen y mi baremo me permitieron obtener una plaza. Como quedé en los primeros puestos, tuve bastantes opciones de elegir destino, entre ellos Araia (a 7 kilómetros de Alsasua). Como verá, es un contrasentido que no pudiera trabajar con plaza fija en Navarra como pediatra por no saber hablar euskera y, sin embargo, con sólo continuar unos kilómetros más en coche, sí lo pudiera hacer. Todo lo relatado está debidamente documentado en BON y BOPV.
Posteriormente obtuve plaza en el SNS-O. Si ahora quisiera trasladarme a otras plazas de pediatría, deberé participar en un concurso de traslado en el que se tendrá en cuenta tanto el tiempo trabajado, como la docencia, investigación, publicaciones, etc; salvo para las plazas que tengan el requisito de euskera. A estas no puedo optar, ni como pediatra del Gobierno de Navarra, ni como pediatra de Osakidetza... Ni aunque hubiese obtenido una cátedra de Medicina. Nuevamente, el conocimiento del euskera limita mis posibilidades laborales.