Cuando se va un ángel
Publicado el 16/06/2018 a las 09:24
La semana pasada fallecía Ángel Ablanedo, un hombre excepcional, un caballero (de los de antes), un hombre generoso, vital, alegre… Tuve la suerte de conocerle hace unos cinco años cuando vino al colegio, donde estudia su queridísimo nieto Javi, para ofrecerse a ayudarnos con el Belén. ¡Y tanto que nos ayudó! En nuestro colegio contábamos con un sencillo pero bonito nacimiento y un montón de figuras desiguales y deterioradas que nuestro conserje Manolo conseguía, por arte de birlibirloque, convertir en una dignísima representación de la primera Navidad. Pero con la aportación de Ángel, el Belén comenzó a tener casitas de Ochagavía, casas árabes, un pozo, una casita de perro, incluso una universidad… Y cada año hacía una figura o un edificio distinto y original. Como suele ocurrir cuando alguien con un don se acerca a un colegio, llegó incluso a impartir unas clases a los alumnos de 6º curso, sobre cómo utilizar el poliespam para construir un portal de Belén. Venía al colegio o llamaba por teléfono (enseguida sabía que era él pues Ana Belén, la administrativa que pronto le cogió mucho cariño, venía con una sonrisa) a principio de curso, lleno de planes y propuestas para la siguiente Navidad. Y para nosotros siempre era una alegría recibirlo aunque, tantas veces, me disculpaba, pues era poco el rato que tenía entre clase y clase para estar con él. En estos años he tenido el privilegio de compartir ratos de mucho humor, mucho… Me contaba sus visitas al médico pero no de forma penosa, me decía “chica, que San Pedro todavía no quiere que vaya” o me hablaba de su mujer “la santa”, como él cariñosamente le llamaba con ese brillo en los ojos de quien habla de la persona a la que más quiere. Y también hablábamos de Religión, de educación, de política y ahí sacaba toda su fuerza, su sabiduría, la de una persona que ha vivido mucho y con mucha intensidad. Ahora, cuando llegue el Adviento… ¡cuánto le vamos a echar de menos!
Ha sido un regalo conocerle, no me extraña que San Pedro haya decidido llevárselo. De sobra sabemos que estará en el cielo, presentándose a todos, hablándoles de su querida familia y preparando todo para cuando vayamos a reunirnos con él.