¿Que los interinos no estamos capacitados?

Lidia González Gutiérrez|

Publicado el 13/05/2018 a las 10:45

Son las siete en punto de la mañana. Me dispongo a coger mi coche para afrontar un nuevo e ilusionante día. Mientras me pierdo en las rayas de la carretera, compañera diaria durante años, voy pensando en mis alumnos (para cualquier docente, “sus niños”). ¿Les gustará lo que tengo preparado?, ¿cómo puedo ayudar a… con las letras?, ¿estará mejor…? Ya estoy en el cole, son las ocho y media de la mañana, pronto comenzarán a llegar. ¿Qué me deparará el día? Ahí están, con su sonrisa, algunos con un pelín de sueño y pocas ganas de libros, me provoca risa observarles. Ellos vienen al colegio a aprender, a cumplir sus sueños, a superarse, a ser mejores. No son conscientes de problemas, de situaciones, sólo son cachorros en un mundo maravilloso y yo su modelador, su ejemplo, su guía, quien debe transmitirles conocimientos. ¡Qué responsabilidad! El curso pasa, mi coche acumula kilómetros, los chicos crecen, maduran, cambian. Llega junio, mes de reuniones, de final, pero sobre todo de llantos, despedidas, incertidumbre, miedos y tristeza. ¿Estaré aquí el curso siguiente? ¿Qué pasará con…, con lo que le cuesta ganar seguridad? Nuevos contactos de compañeros, otro adiós, otro final, otro trabajo bien hecho pero con escasa continuidad. Septiembre, centro nuevo, ¿será para un mes?, ¿estaré todo el año?, ¿cómo me organizo con mi familia? ¿Se adaptarán a mí los alumnos? ¡Lo conseguiré! Son tantas preguntas, tantos miedos, tantos comienzos, tantos finales. A pesar de todo amo mi trabajo, mi razón de seguir es ver un avance, una sonrisa, un “¡seño, qué guapa vienes hoy!”.

Este es el día a día muy resumido de un docente interino, docente que lleva a su espalda kilómetros, historias, experiencias y que ha dado su vida, su tiempo su esfuerzo, en la educación de los hijos de cualquiera. Esta historia cambiará en 2018: muchos docentes no encenderán su coche a las siete de la mañana, no se harán miles de preguntas delante de las líneas de una carretera, se quedarán en el camino, camino de experiencia que ahora se tira a la basura, por una lista preferente que dejará fuera a miles de ilusiones, y miles de tizas y historias que enseñar, dejarán a miles de niños sin su “profe”, sin su “seño”. La situación en la gestión de listas de Navarra, desecha a sus interinos, los utiliza, les da recursos, los forma, y ahora les deja fuera. Por supuesto que queremos nuevas historias en los coles, nuevos compañeros, pero no queremos que pasen lo que estamos pasando nosotros ahora, que sean sustituidos en un tiempo por otro. Queremos estabilidad, queremos seguir dando todo en el aula, queremos luchar por hacer la mejor unidad, el material más bonito, el mejor proyecto, queremos vivir tranquilos, disfrutar de la familia, de los alumnos,de enseñar, de aprender,etc. ¡Somos válidos! Lo hemos demostrado en cientos de procesos selectivos y, sobre todo, en las aulas, día a día. ¡Queremos que se nos reconozca el esfuerzo como en otras comunidades! ¿O será que somos menos capaces en Navarra?


La situación en Navarra es muy complicada y cientos de interinos luchamos por contar un final feliz de esta historia.

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