La calle siempre será de los ciudadanos
Publicado el 21/04/2018 a las 09:19
Escribía en esta sección el Jueves Santo, finalizando el escrito con mi agradecimiento al coro y solistas que retomaron ‘Las Siete Palabras’ de Dubois. Prometí estar allí, y estuve como un clavo a las 11:45 para ocupar un buen sitio. Me encontré con unas señoras conocidas que me advirtieron que no entrase, “pasarás un mal rato”, me advirtieron sobradas de razón, pero entré. Observé más público saliendo que entrando. En el interior terminaba el Vía Crucis, dejé unos euros en una de las mesas de la Hermandad y seguidamente ocupé un asiento.
Donde acostumbran últimamente, cerca del órgano y en la tribuna del coro formado y uniformado, fueron ocupando la tramoya habitual unas 24 señoras y caballeros uniformados. El director, para mí desconocido. Solistas no llegaba ninguno. Pasadas las 12 empezó el sermón, desde donde estaba no veía quién predicaba, y la impresión era que leía, no ponía énfasis y mi sorpresa es que la introducción “O vos omnes” que es un solo de soprano, cantaba el coro algo en vascuence, a capela. Esperé la oratoria que precede la 1ª Palabra, igualmente plana, y seguidamente el coro en vascuence cantó bien pero no el “Pater, dimitte illis” de Dubois. Así que cogí las de Villadiego y salí huyendo. Al salir me entraron ganas de recuperar mis euros, intuyendo a quién es debida la decadencia del acto. Mi gozo en un pozo. Me fui a mi domicilio para oír la grabación de ‘Las Siete Palabras’ que me regaló Sagaseta -gracias, Aurelio-, y almorcé mi pescadito que acostumbro en Viernes Santo. Con todos mis respetos al vascuence que en su día cantaba, entiendo mejor el latín. Debo añadir que otrora me agradaba cantarlo y hablar algo también, hoy metido con sacacorchos por el cuatripartito -así no, eskerrik asko-. Ya está bien.
En uno de mis viajes a Israel, visité y me hospedé en Jerusalén. Visité Palestina, el mar Muerto, el Muro de las Lamentaciones y el lugar que Jesús fue crucificado en el Calvario (Gólgota) a las afueras de Jerusalén, subí andando por la Vía Dolorosa llena de judíos mercaderes vendiendo falsas reliquias. Saliendo del Santo Sepulcro, mi peor recuerdo lo produjo el lamentable escándalo del indeseado Carod -Rovira fotografiado con una corona de espinas de imitación en su cabeza por Pascual Maragall, mofándose de Jesucristo. Fotografía que publicó la prensa, para vergüenza y rechazo del cristianismo internacional. Por otra parte, tenemos elecciones a la vista, con “amagos” de promesas por otra “vía dolorosa”, otro calvario durante un año. Los partidos políticos nos dorarán la píldora, como es habitual. Ya en el poder, aunque los crucifiquemos de forma “virtual” cuando incumplan lo prometido, pasarán olímpicamente. Nuestro “poder” es acertar con nuestros votos. Alemania desconoce los delitos de los secesionistas catalanes -pueden llegar otros, incluso germanos-. Angela Merkel sí que sabe y alguna ministra no se entera.
El mundo mientras está pendiente de los misiles “nuevos, bonitos e inteligentes” de Donald Trump -¡qué lenguaje!- contra el holocausto sirio del sátrapa Bashar al-Ásad. Putin responde que usará otros para destruirlos si EEUU ataca Siria. Siguen matando sirios, hombres, mujeres y niños. Y sigue siendo tremendo. Puede ser premonitorio de calentar la guerra fría o peor todavía...
Aquí ha seguido lloviendo - ¿diluvio foral?- aunque esta semana hemos visto el sol. El cuatripartito sigue haciendo de las suyas pero ya nos ocuparemos. Un ministro franquista dijo que la calle era suya y qué error fue aquello. La calle es de los ciudadanos, no de políticos indignos, y por ella conseguiremos aquello que nos niegan -por ejemplo y hablando de todo un poco, las pensiones dignas-. Corrupción y populismos, cero, al igual que los delitos pendientes que pasan años y siguen sin resolverse.