La riada

Rafael Berro Úriz|

Publicado el 25/03/2018 a las 09:15

Los de a pie que vamos por libre manejamos siempre una información limitada. Por ejemplo, sobre la política lingüística del Gobierno de Barkos sólo llegamos a conocer algunos hechos puntuales, y en base a ellos tenemos que formar nuestra opinión. En lo que sigue me refiero a cuatro, aparecidos en la prensa en dos días consecutivos recientes.

En primer lugar, un anuncio oficial del Gobierno foral publicado con la intención de evitar que los pacientes agredan al personal sanitario. Aparecen en él las fotos de ocho personas haciendo el mismo gesto: un circulito con el pulgar y el índice, gesto oficializado y bendecido antes por el consejero Domínguez en una foto solemne. Primera enseñanza que se puede sacar del anuncio: el Gobierno nos trata como a niños de Primaria a los que la maestra les podría decir: “vamos a hacer todos así con los dedos, y si en el recreo alguno empieza a pegar, le hacéis el gesto y se portará bien”. Nos imaginamos al médico haciéndole el gesto al paciente que se pone en plan broncas y al broncas cayendo de rodillas y pidiendo perdón fulminado por el gesto mágico. Segundo hecho significativo en el anuncio: el euskera está primero y por encima del español. El hecho -pensamos- es una confesión pública (¿consciente o inconsciente?) de la política lingüística del Gobierno. Saben que el 84% (o más) de los lectores de ese anuncio no sabemos euskera. Al poner el euskera en primer lugar, el Gobierno hace un gesto maleducado de prepotencia hacia esa mayoría y nos dice: “vuestros intereses y preferencias lingüísticas son para nosotros secundarios. Nosotros ponemos a los vascoparlantes por encima de vosotros los castellanohabantes”. El anuncio expresa bien lo que está siendo la política del Gobierno.

En segundo lugar, un escrito de la concejala de educación de Larraga exponiendo que el Gobierno instaura en Larraga la línea D de euskera con 8 peticiones mientras niega o pone dificultades para instaurar el PAI habiendo 15 peticiones (y sin haber podido expresar sus preferencias todos los padres). Es bueno que estas informaciones puntuales salgan a la luz para que seamos conscientes de cómo el Gobierno favorece los intereses lingüísticos del 16% de navarros y perjudica al 84%.

Tercer hecho: el Gobierno va a reubicar al “Instituto de Euskera” (¡63 funcionarios!) en la anterior “Casa del Deporte” de Paulino Caballero, previo gasto de 1.076.542 euros para adaptación del edificio a su nuevo uso. Además, el presupuesto del “Instituto” era de 2,8 millones de euros en 2015, y ha pasado a ser de 6,9 millones. Más del doble. Como en el anuncio, el euskera tiene que estar en primer lugar, por encima de todo. Y cuarto: el Gobierno nos informa de que ve la zonificación del euskera como superada. Faltaría más. Como que la zonificación es un límite, un freno sensato al principio del Gobierno de que el euskera debe estar por encima del español. La meta a la que apunta ese principio: Navarra será zona única, el euskera será idioma oficial, y quien no lo hable no podrá ser funcionario.

Hasta aquí los cuatro hechos y su -a nuestro juicio- evidente significado. La información es esencial para controlar al poder. Sería ideal que sindicatos, partidos de oposición o prensa nos dieran información más completa sobre estos asuntos. Si no es así, tenemos que contentarnos con informaciones referentes a hechos puntuales. Y si no nos gusta la política lingüística del Gobierno que en ellos se refleja, el remedio no será hacer un gestito con los dedos como en el caso de las agresiones a sanitarios, sino meter el voto adecuado en la urna.

Barkos ha provocado una especie de riada: ha desbordado de manera abusiva el río del euskera ahogando la igualdad de derechos de los navarros. Las próximas elecciones pueden servir para detener la riada. ¿Servirán también para hacer volver las aguas a su cauce razonable?

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