Agradecimiento de una madre a su pueblo


Actualizado el 19/09/2026 a las 08:37
Este fin de semana se celebra el primer Txupinazo Txiki de nuestro pueblo. Se propuso una votación popular entre los pequeños, de la que mi hijo ha salido elegido. No hay mucho de extraordinario en ello, o no debería… Es un pueblo pequeño y no hay tantos niños donde elegir, pero mi niño no creo que sea el más popular. Tiene parálisis cerebral.
Cuando nos dieron la noticia escribí un texto que tenía pensado leer antes del momento estelar, pero creo que no voy a ser capaz. Primero, porque quizás me rompa a mitad de discurso; segundo, porque me podrán nerviosa las impacientes caras (con razón) de los pequeños - entre ellos, mi hijo - , que lo que quieren es fiesta y no escuchar a una “madre chapas”. Sin embargo, y lejos de ser pretenciosa, me da una pena tremenda que lo que escribí intentando plasmar el sentir de mi niño, aún muy pequeño para poder darle forma en palabras, se quedara para nosotros. Es el motivo por el que me gustaría compartirlo aquí.
“Puede que nuestro pueblo, a ojos de un adulto, sea uno que “no tiene mucha cosa”. Para él, su pueblo, que es lo más, tiene, a destacar: tres parques, una plaza, un frontón, dos puentes de madera, el Txokotxiki, la Soci, el monte al lado… el auzolan, las fiestas, la Txinurria Minurria, el Olentzero… los juguetes de Carmelo, el rincón de la ermita de María Luisa, los ensayos de Koldo por las tardes con la triki… (y ahora, además, el Txupinazo Txiki). Y aunque no tiene playa - esto lo añado yo como madre isleña - y le sobran unas cuantas cuestas y escalones en las aceras, os tiene a todos vosotros.
Como decía el eslogan de una marca de cerveza de mi tierra, que también es un poco su tierra, “¡qué suerte vivir aquí!”, en un pueblo que cuida y mira por la infancia, por todas las infancias. Porque siempre hay más de una mano, una sonrisa o una palabra amables que hacen que, aún teniéndolo a veces un poquito más difícil que el resto, podamos con todo y más. “Eskerrik asko denoi!”.
Es curioso que en los mismos días que me puse a escribir leí una publicación de Alex Roca, deportista con parálisis cerebral a quien admiro profundamente, en que reflexionaba sobre su experiencia como espectador en la maratón de Ciudad de México. Se asombraba de que los corredores se paraban a saludar, en medio de la carrera, al reconocerle, y se preguntaba si verdaderamente era merecedor de ello. Pues bien, esos mismos días, mi hijo, a su corta edad, también me decía que quizás no se mereciera echar el cohete. Le explicaba yo a mi niño que muchas veces en estas ocasiones se elige a personas luchadoras, resilientes, buenas, o que simplemente tienen algo “de valor” que compartir con los demás. Y sí, él, aunque probablemente yo no sea muy imparcial en esto, creo que reúne todas estas características. También las reúne Alex, a quien escribí por redes sociales contándole la anécdota, y quien envió sus felicitaciones a mi retoño por el logro. Me dio que pensar esta respuesta porque, sin quitarle mérito a mi hijo, creo que la enhorabuena hay que dársela también, por un lado, a esas personas que luchan para que todas y todos tengamos los mismos derechos y que consiguen cambiar la mirada de los demás, y, por otro, en este caso, a esos niños que han sabido mirar bonito y a sus familias por cómo les han educado para ello.
Así que sí, nuevamente, gracias.
Helena León Brito