La obsesión por la autoestima


Publicado el 30/08/2026 a las 05:00
La autoestima es la valoración que una persona hace de sí misma basándose en sus pensamientos, sentimientos y experiencias. Empieza a formarse en la infancia y continua a lo largo de la vida. Se divide en autoestima alta, baja y exagerada o narcisista. Una persona con autoestima alta confía en sus capacidades y reconoce sus errores. Con autoestima baja duda de su valor y depende de la opinión de los demás. La exagerada cree tener razón siempre y menosprecia a los demás. Maxwell Maltz dijo: “La autoestima baja es como conducir en la vida con el freno de mano puesto”. La autoestima es clave para el bienestar emocional, la confianza en la toma de decisiones y la capacidad para superar problemas. Es natural que cada persona se estime a sí misma, porque en ella hay siempre algunas cualidades positivas . Pero es necesario conocer previamente cuáles de esas cualidades se dan en cada caso de forma concreta y objetiva . Si no se conocen es imposible que puedan ser estimadas.
En la adolescencia surge el autoconocimiento, que en Psicología evolutiva se denomina autoconcepto: la imagen mental que se tiene sobre sí mismo.
La autoestima crece en función de la estima que la persona percibe en los demás. No puede haber estima de uno mismo sin que otros le estimen. Es bueno que los padres fomenten la autoestima de sus hijos, pero sin adularles. Eso les haría mucho daño. Los hijos no crecerán en autoestima si sus padres se limitan a mencionar sus buenas cualidades, silenciando sus defectos. Y peor todavía si exageran esas cualidades, creyendo que de ese modo están fortaleciendo su autoestima.
En Estados Unidos se popularizó la autoestima en los años 90, hasta el extremo de convertirse en una obsesión. Creyeron que era la solución para todos los males sociales. A pesar del fracaso de ese movimiento, no faltan escuelas y familias españolas que en la actualidad lo están siguiendo. Se transmite a profesores y padres que la autoestima se desarrolla con tres procedimientos que expongo a continuación.
Alabar a los hijos por sistema, con independencia de su comportamiento; rebajar los ideales de vida, para que luego no sufran posibles decepciones; reducir la exigencia hasta llegar a una tolerancia sin límites, para que nunca se sientan culpables de nada.
¿Qué pasará con esos chicos y chicas cuando se incorporen al mundo laboral? Tropezarán con dificultades inesperadas que no pueden afrontar, reveladoras de que no son tan capaces como habían supuesto. Ello les servirá para descubrir que en el pasado se les infundió una autoestima falaz.
El choque de la falsa autoestima con la realidad suele producir crisis de autoestima. La verdadera autoestima se desarrolla con la satisfacción que produce alcanzar nuevas metas con el esfuerzo personal. La mayor y mejor autoestima es la autoestima merecida. Nathaniel Branden dijo “La autoestima es la reputación que nos formamos de nosotros mismos”.
Gerardo Castillo Ceballos. Doctor en Pedagogía. Profesor emérito de la Universidad de Navarra