Adiós a la alameda de Ermitagaña


Publicado el 29/07/2026 a las 05:00
Le escribo con el corazón encogido tras presenciar la desaparición de la alameda de la calle Bartolomé de Carranza, un rincón de nuestro barrio que nació en los años 80 a la par que Ermitagaña y San Juan. Con la tala de estos chopos, no solo caen árboles; cae un fragmento insustituible de nuestra propia historia y de nuestra memoria colectiva.
Adiós a la alameda que tantos años nos cobijó del calor. Adiós a las promesas de amor talladas en sus cortezas, al vaivén de sus ramajes en los días en que el zierzo soplaba con fuerza, y al espectáculo visual de una selva en miniatura que funcionaba como un pequeño oasis en medio del asfalto. Una generación entera de este barrio nació y creció bajo sus sombras, acunada por sus madres en las tardes de la época estival.
Nos dicen que es por seguridad, por el fin de su ciclo vital, aplicando una lógica fría de gestión urbana. Sin embargo, resulta doloroso aceptar que a esta alameda no la dejaron ser centenaria, como sí se les permite a sus hermanos de la Vuelta del Castillo. Gracias por habernos acogido durante tantas décadas. Aunque hoy veamos los troncos vacíos, los vecinos no olvidaremos el refugio que un día fuiste para todos nosotros.