¿Es esta la sanidad que merece el medio rural?


Publicado el 27/07/2026 a las 05:00
Afortunadamente, no soy una persona que necesite recurrir con frecuencia al sistema sanitario. Precisamente por eso, cuando estos días me ha tocado hacerlo por una lesión, he podido comprobar una realidad que me ha dejado profundamente preocupado. Lo primero que quiero dejar claro es mi reconocimiento a los profesionales sanitarios. Médicos, enfermeras, auxiliares, celadores y el resto del personal realizan una labor extraordinaria, muchas veces en condiciones que ellos no eligen. Mi crítica no va dirigida a ellos, sino a quienes tienen la responsabilidad de organizar el sistema sanitario.
Durante años he escuchado a numerosos vecinos de nuestros pueblos trasladar su preocupación por las dificultades para acceder a determinados servicios sanitarios, las carencias organizativas y la sensación de que el medio rural recibía una atención cada vez más deteriorada. Esas experiencias nunca cayeron en saco roto. Desde UPN las hemos denunciado en numerosas ocasiones, reclamando una mejor organización de la asistencia sanitaria y soluciones para unas deficiencias que afectaban especialmente a las zonas rurales. Sin embargo, la respuesta del Departamento de Salud y del Gobierno de Navarra ha sido, demasiadas veces, mirar hacia otro lado.
Después de vivir personalmente esta cadena de situaciones, no solo entiendo mucho mejor esas quejas, sino que puedo afirmar que reflejan un problema real que exige respuestas urgentes. Todo comenzó cuando acudí al Hospital García Orcoyen de Estella tras una lesión. Después de varias horas derivado desde el centro de salud al servicio de radiología y servicio de Urgencias, de realizarme las pruebas diagnósticas correspondientes y esperar la valoración médica, se me comunicó que no había traumatólogo de guardia. La única solución fue desplazarme al Hospital Universitario de Navarra, en Pamplona, por supuesto con mis medios particulares, para volver a empezar prácticamente desde cero: nuevas esperas, nuevas pruebas y más tiempo perdido. Pensé que aquello era una situación excepcional. Me equivocaba.
Días después necesité realizar una gestión con mi centro de salud y descubrí que el Centro de Salud de Ancín, referencia para toda la Zona Básica de Salud Ancín-Amescoa, permanecía cerrado por una festividad local el viernes 24 de junio. La consecuencia fue que cientos de vecinos de más de 60 localidades quedábamos sin posibilidad de solicitar una cita o realizar una gestión administrativa básica. Intentar solucionarlo desde otro consultorio fue imposible. El sistema no lo permite y, además, nadie atendía el teléfono. Lo realmente preocupante no es cada uno de estos hechos por separado, sino la suma de todos ellos. Un hospital que obliga a derivar pacientes por falta de traumatólogo de guardia. Un centro de referencia que deja sin servicio administrativo a toda una comarca por una fiesta local. La inexistencia de una alternativa cuando ese centro cierra. Y unos ciudadanos que, cuando intentan buscar una solución, se encuentran con teléfonos que nadie responde.
Todo ello transmite una preocupante sensación de abandono hacia quienes vivimos en el medio rural. Mientras desde el gobierno de Navarra se habla continuamente de cohesión territorial, igualdad de oportunidades, lucha contra la despoblación y mantenimiento de los servicios públicos, la realidad que percibimos muchos vecinos es muy distinta. La despoblación no se combate con discursos, campañas institucionales ni declaraciones de buenas intenciones. Se combate garantizando que quien decide vivir en un pueblo tenga exactamente los mismos derechos y el mismo acceso a los servicios públicos que quien vive en una ciudad.
Porque cuando un vecino del medio rural comprueba que debe recorrer decenas de kilómetros adicionales por falta de un especialista, que no puede realizar una gestión sanitaria porque el centro de referencia está cerrado por una fiesta local o que ni siquiera obtiene respuesta al teléfono, el mensaje que recibe es demoledor: que su tiempo vale menos, que sus problemas importan menos y que sus derechos pueden esperar. El verdadero problema no es que un día falle el sistema. El verdadero problema es descubrir que, cuando te toca vivirlo, comprendes que el sistema lleva demasiado tiempo fallando para quienes viven en nuestros pueblos. Y esa es una realidad que una sociedad Navarra, que presumía en tiempos pasados de tener una sanidad pública de calidad no debería aceptar nunca.
Miguel Bujanda Cirauqui