En defensa de la educación concertada
Publicado el 04/05/2026 a las 07:26
En los últimos días hemos leído reflexiones que presentan a la escuela pública como el único espacio verdaderamente común, inclusivo y cohesionador. Sin embargo, esa visión no refleja la realidad completa del sistema educativo navarro, donde la educación concertada también forma parte del servicio público y cumple funciones sociales que no pueden ignorarse.
En la concertada cabe todo el mundo, y así lo demuestra la composición real de su alumnado: estudiantes de origen diverso, familias de distintos niveles socioeconómicos y alumnado con necesidades educativas especiales. Los centros concertados participan del mismo proceso de admisión que los públicos y están sometidos a los mismos criterios de escolarización equilibrada. La diversidad no es patrimonio exclusivo de una red.
Conviene recordar, además, que muchos centros concertados- especialmente los de inspiración cristiana- incorporan en su proyecto educativo una visión ética centrada en la atención al más vulnerable. Esa vocación de servicio se traduce en programas de apoyo, acompañamiento familiar y una cultura de acogida que forma parte de su identidad.
También se cuestiona la libertad de elección, como si fuera un privilegio. Pero la red concertada existe precisamente para que familias sin recursos puedan acceder a proyectos educativos distintos sin tener que recurrir a la enseñanza pública. Limitar esa posibilidad no reduce desigualdades; las aumenta. Por otro lado, la concertada también preserva lenguas, culturas y proyectos pedagógicos valiosos para Navarra. Reducir su presencia no amplía la riqueza educativa; la empobrece.
Finalmente, resulta llamativo que algunas voces que defienden que lo común solo se construye en la escuela pública escolaricen a sus propios hijos en centros concertados. No es un reproche personal, pero sí un dato que invita a reflexionar: si la concertada fuera un espacio excluyente, ¿por qué elegirla para la propia familia? La defensa de la escuela pública es legítima, pero no debería hacerse a costa de desdibujar el papel de la concertada, que también contribuye a la cohesión social y forma parte del sistema educativo que sostiene nuestra comunidad.