Alfredo Jaime, un amigo inolvidable

Imagen del cohete de 1991, cuando se cumplía medio siglo de chupinazos desde la Casa Consistorial. Lo lanzaron el entonces alcalde, Alfredo Jaime (derecha) y José María Pérez Salazar, copartícipe con Joaquín Ilundáin (ya fallecido entonces) en la iniciativa de trasladar el cohete desde la plaza del Castillo.
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Imagen del cohete de 1991, cuando se cumplía medio siglo de chupinazos desde la Casa Consistorial. Lo lanzaron el entonces alcalde, Alfredo Jaime (derecha) y José María Pérez Salazar, copartícipe con Joaquín Ilundáin (ya fallecido entonces) en la iniciativa de trasladar el cohete desde la plaza del Castillo.
Imagen del cohete de 1991, cuando se cumplía medio siglo de chupinazos desde la Casa Consistorial. Lo lanzaron el entonces alcalde, Alfredo Jaime (derecha) y José María Pérez Salazar, copartícipe con Joaquín Ilundáin (ya fallecido entonces) en la iniciativa de trasladar el cohete desde la plaza del Castillo.

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Miguel Sanz/Villar López

Publicado el 06/02/2026 a las 21:17

El 5 de febrero falleció a los 83 años nuestro buen amigo Alfredo Jaime. Con cariño y eterna gratitud su memoria vivirá para siempre. 

La luz y la alegría que despertaba en las reuniones y comidas que compartía con sus amigos de siempre y de ahora, entre los que nosotros nos encontrábamos, nunca se apagará. Su trasplante de corazón en 2005 le otorgó la fuerza necesaria para seguir viviendo y el ánimo suficiente para compartir su vitalidad y bonhomía con su familia y amigos que en ningún caso conformaban un espacio cerrado pues siempre estaba abierto a nuevas incorporaciones. 

Su llegada a la política no fue casual, fue fruto de su carácter, de su compromiso con Navarra y de su pasión por Pamplona/Iruña, ciudad donde nació, vivió y murió conforme a sus ideales y siempre desde el respeto a las personas y las cosas del llamado procomún colaborativo. Por todo esto fue concejal del Ayuntamiento de Pamplona con UCD y UPN; llegó a ser alcalde en 1991 por el partido regionalista y durante 16 años tuvo asiento en el Parlamento de Navarra. Su jubilación con la edad le separó de los cargos pero jamás le apartó de la emoción que él sentía con su tierra, Navarra, y su país, España. 

Bien podríamos decir de Alfredo aquello: “No era y llegó a ser, dejó de ser y apoyó al que le sustituyó y nunca persiguió volver a ser”. 

Sus convicciones sociales y religiosas le llevaron a tener siempre a su lado a la familia, especialmente a su esposa cuidadora y protectora, Juana Mari. 

En una época de grandes convulsiones, Alfredo siempre fue directo en la búsqueda de la verdad. Su vehemencia y “habilidad” le llevaron a alcanzar acuerdos y pactos con el diferente, sin esconderse. 

Año tras año subía la escalera de San Fermín, peldaño a peldaño, aunque este año el destino quiso dejarle en el segundo (febrero) sin posibilidad de alcanzar al Santo (7 de julio). 

Alfredo: hoy descansas en paz y mañana nos encontraremos en la eternidad. El tiempo no borrará tu recuerdo y tu memoria vivirá para siempre entre quienes tuvimos la suerte de conocerte. 

A tu familia, tu esposa Juana Mari, a tus hijos: Susana, Alfredo y Laura, Íñigo y Silvia, y a tu nietica Eira, nuestro más sentido pésame.

Miguel Sanz y Villar López  - Amigos del finado

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