Bullying, vivir con miedo

El acoso escolar es un tipo de violencia escolar específico
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El acoso escolar es un tipo de violencia escolar específicoShutterstock / Ground Picture
El acoso escolar es un tipo de violencia escolar específico

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Laura Arribas

Publicado el 13/01/2026 a las 05:00

El artículo de Lucía Baquedano en Diario de Navarra del jueves 8 sobre el Bullying, me recordó historias de familia que tienen que ver con ese maltrato que sufren niños y niñas a manos de sus propios compañeros: en el colegio, dentro del horario escolar y hasta en la calle, en horas imprevisibles. 

Mi madre, con 94 años, aún recuerda el timbre metálico de la risa burlona de su agresora, una niña de 13 años, que, en cada recreo del colegio, se regodeaba con ella: tirones de pelo, risitas y miradas burlonas, pintadas en sus cuadernos… eran el pan de cada día y le hacían la vida muy difícil. El miedo y la inseguridad se fueron apoderando de ella y decidió no volver al colegio. Entonces, se enteraron mis abuelos. Alfredo, uno de sus hermanos mayores, fue el encargado prepararla para defenderse. “No seas tonta, tú puedes, ya verás como puedes”, le repetía. El lunes siguiente, cuando oyó la primera risa burlona, embistió a su agresora que rodó por los suelos víctima de una zancadilla certera. El aplauso de sus compañeras fue ensordecedor. La agresora pidió perdón y nunca más se volvió a meter con ella.

Pero esta es casi una historia naif comparada con lo que está pasando ahora mismo en los colegios, con casos extremos que han llevado a niños y niñas al suicidio. Los datos son aterradores.

No estás libre de que en el colegio te toque un cabecilla “malo”, malo de verdad, que lidere a unos compinches y que le hagan la vida imposible a tu hijo. Varios contra uno. En la mayor parte de los casos el colegio no se entera de lo que pasa y, cuando reacciona, lo hace tarde y mal. Los profesores callan, y callan también los compañeros. Ese es el mayor dolor que pueden sentir el niño o la niña agredidos: el silencio de los amigos, “de los buenos”, que retumbará toda la vida en los oídos de los niños agredidos. El miedo lo invade todo y callan todos.

Tal vez esos agresores fueron, a su vez, víctimas de malos tratos. El tema es profundo y requiere una atención integral. Según los datos del Departamento de Educación, en Navarra se atienden alrededor de 100 casos de acoso escolar al año. Las consecuencias son muy graves para los alumnos agredidos, que, al parecer, antes y después, llevan siempre las de perder, aun en el caso de que la Audiencia Provincial condene a los agresores reiteradamente.

¿Qué mensaje estamos dando a la juventud? “Lo que aprenden los menores es el vacío de protección y la ausencia de consecuencias” decía Maite Izquieta en su artículo sobre la “Ley de No responsabilidad Penal del Menor” en este mismo diario.

¿Cómo es posible que la persona agredida tenga que salir de su ciudad y los agresores permanezcan en ella? ¿Cómo se restituye una adolescencia y una juventud, robadas? El tema es trágico. Estamos creando una sociedad cobarde, incapaz de reaccionar ante la injusticia con el más débil y en la que el prepotente triunfa. Y, ¡así nos va!

Laura Arribas

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