Problemas de incivismo: variados y crecientes

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Restos de botellones en la Vuelta del Castillo de PamplonaIVAN BENíTEZ
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Gerardo Castillo Ceballos

Publicado el 07/01/2026 a las 05:00

En el entramado democrático, el civismo actúa como la brújula que orienta el respeto por las leyes, la participación ciudadana activa y la convivencia armónica. Las democracias se fortalecen por la conciencia y el compromiso activo de los ciudadanos. Las estadísticas oficiales de 2025 muestran que los problemas de convivencia (incivismo) en España han sido muy relevantes en ese año. El incivismo en nuestro país es un problema multifacético, con un trasfondo de falta de valores cívicos que requiere un enfoque integral. Los problemas de incivismo en España son variados y crecientes. Veamos algunos:

1. Acoso Escolar y Ciberacoso: un alto porcentaje de niños sufre acoso diario, colocando a España entre los países europeos con mayor incidencia.

2. Conductas incívicas en la vía pública: actos como el “botellón”, orinar en la calle y pintar grafitis generan gastos significativos a los ayuntamientos y molestias vecinales.

3. Vandalismo: desperfectos en parques, jardines y mobiliario urbano, con un coste considerable para las administraciones.

4. Mal uso del teléfono móvil: largas conversaciones privadas audibles por el público. Por ejemplo, durante un viaje en tren.

5. No respetar en un vehículo de transporte público los asientos reservados a personas mayores e impedidas. El civismo y la democracia son inseparables: el civismo es la conducta responsable del ciudadano (respeto a leyes, deberes, y bienestar común) ; la democracia es el sistema de gobierno del pueblo, que se nutre de ciudadanos cívicos que participan activamente, respetan los derechos de los demás y promueven la igualdad y la justicia, construyendo así una convivencia civilizada. Cuando un país sufre un déficit democrático se produce una brecha entre los ideales democráticos y la realidad: instituciones y gobiernos supuestamente democráticos no cumplen con la plena representación, responsabilidad y acceso ciudadano. Se manifiesta en falta de participación directa, opacidad en la toma de decisiones y distanciamiento entre los ciudadanos y sus representantes. Esta situación es aplicable actualmente al Gobierno de España.

El civismo español surgió por la evolución del griego y romano, enriquecido por la ética clásica y cristiana. Tras muchos años de ignorarlo, se pretendió su resurgimiento convirtiéndolo en una asignatura. Me refiero a “Educación para la Ciudadanía” implantada en España en 2.006 con la LOE (Ley Orgánica de Educación).

Los críticos con esta asignatura reprobaron su contenido ideológico, que pretendía sustraer a los padres el derecho a decidir la educación moral para sus hijos: ya no eran los padres los que decidían qué enseñanza moral se iba a dar a los hijos, sino que sería el Estado quien lo decidiría. Debido a su fracaso, la asignatura desapareció en 2013, con la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa). Los valores del civismo no se adquieren sólo en la escuela. Y menos aún con la mera instrucción. La formación en valores requiere un ambiente de convivencia continuada y buenos referentes. Para que el deseo de más civismo y menos autocracia se cumpla en 2026 es fundamental contar mucho más con las posibilidades de las familias. El civismo y la familia están intrínsicamente ligados, ya que el hogar es la primera escuela de ciudadanía donde se aprenden valores como el respeto, la solidaridad, la cooperación y la responsabilidad, a través del ejemplo y la convivencia diaria.

En el hogar se comparten tareas, se cuidan los bienes comunes y se establece la base para el diálogo, extendiendo luego estas actitudes al ámbito social. La familia transmite hábitos cívicos que forman la base para la interacción en la comunidad, preparando a los individuos para ser ciudadanos participativos y conscientes de su entorno. El trabajo en equipo de familia y escuela multiplica los resultados. En un mundo globalizado y tecnológico, la familia sigue siendo el pilar para formar ciudadanos con un marco moral sólido, capaces de desenvolverse de manera humana y ética.

Gerardo Castillo Ceballos. Doctor en Pedagogía. Profesor emérito de la Universidad de Navarra

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