Al personal de la cuarta planta del Hospital Virgen del Camino: mi más sincero agradecimiento de por vida


Actualizado el 24/10/2025 a las 08:04
El pasado lunes día 20 de octubre falleció mi padre tras 89 años de vida plena prácticamente hasta el final. Con sus paseos, su huerta y sus recados mostraba una vitalidad ejemplar a todo su vecindario y parecía que podía continuar en esta sana dinámica un sinfín de años, aunque en realidad los años pasan para todo el mundo y como bien él decía: “cada vez intento dar los pasos más largos pero son más cortos”
Un mal día sufrió una caída en la calle y a partir de este momento ya no encontró un día bueno. Las complicaciones de salud derivadas de este incidente lo condujeron a ingresar en el Hospital Virgen del Camino (ahora creo que Hospital Universitario). Mi padre que había sido ejemplo de vitalidad se presentó allí con dos costillas rotas, una vértebra hundida, líquido en pulmones, problemas renales, cardiacos…en definitiva, como un ser frágil y vulnerable, totalmente dependiente. En este contexto de debilidad para él y preocupación para mí, su único hijo siendo además viudo, encontré en el personal de la cuarta planta de la (para que nos entendamos) Vírgen del Camino, una dedicación mucho más allá de la buena praxis.
Una cosa es hacer bien su trabajo, que lo hacían, pero el cariño, la cercanía, la complicidad, la familiaridad con pacientes y enfermos… en definitiva, el calor que transmitían auxiliares y enfermeras era de tal calibre que no puedo sino dedicarles estas letras de más sincero agradecimiento de por vida por el trato que dieron a mi padre. No pudo salir de allá con vida, pero Carmelo se pudo marchar sin apenas sufrir, muy bien atendido y sintiéndose querido por personas que sin conocerlo lo colmaron de cariño y comprensión.
David Mancho Caballero