Javier Alli Fernández, una persona imprescindible


Publicado el 18/03/2026 a las 07:34
El pasado 26 de febrero falleció a los 90 años Francisco Javier Alli Fernández (Valtierra, 1936). A su esposa Pilar, hija Ana y Juan, a sus hermanos supérstites María Cruz, Antonio y Tere y José Luis, la condolencia de sus primos Alli-Turrillas, Alli-Vierge y familias.
Javier fue el primo-hermano más tratado por la proximidad de nuestros padres Felipe y María, Tomás y Teresa, por su trabajo con mi padre y convivencia con nosotros para los que era un “hermano mayor”. Javier, como nuestros padres, y sus hermanos Ángel y José Luis, estudiaron con los agustinos recoletos de la Provincia de San Nicolás, recibiendo una sólida formación humanística. Siempre siguieron vinculados a la orden por las amistades que cultivaron con sus compañeros y continuamos los hijos.
Cuando volvió a casa, sus padres decidieron que viniese a trabajar a Pamplona, incorporándose a la farmacia de Sánchez Azcona en la que trabajaba mi padre como “mancebo de botica” (auxiliar de farmacia). Era inteligente, trabajador y voluntarioso aprendiendo pronto el oficio.
Como jugaba muy bien al futbol participaba en equipos del Trofeo Boscos.
Con la experiencia adquirida se hizo cargo de la gestión de una farmacia-droguería en San Pedro, con la colaboración de su hermana María Cruz, ampliando su actividad a locales de droguería-perfumería en la parte vieja de Pamplona. Lo compatibilizó con la condición de agente comercial de productos farmacéuticos y, como era abierto, simpático y tenía facilidad de palabra, se le dieron muy bien las visitas médicas. Observó que la perfumería podía ser un buen negocio si se trabajaba con las grandes firmas. A partir de esta idea fue mejorando en la calidad y marca de los productos, en la ubicación y estética de los locales.
Conoció y se casó con Pilar Broco, siempre guapa y encantadora, en una preciosa boda en que nos encontramos toda la familia de Valtierra y Pamplona. Lamentablemente terminó con un grave accidente en Tafalla en el que fallecieron sus padres Felipe y María y otros familiares. En momentos tan difíciles para todos, la serenidad y el amor de Pilar fueron decisivos para que Javier superara la situación. Siempre fue una persona emotiva, que se identificaba con el dolor de los próximos, soportando estoicamente el propio. Con su hermano mayor Ángel en América, Javier asumió la responsabilidad de cabeza de familia del resto de sus hermanos.
Tuvo en Pilar su compañera en toda su vida, como esposa y madre de Ana y Leticia. En ella encontró apoyo y entrega en sus iniciativas empresariales de crear una red de perfumerías de alto nivel, Canela, de la que ella y su hija Ana fueron la cara visible. Le acompañó el éxito comercial y la satisfacción del objetivo conseguido. Lo enturbió la temprana muerte de la hija menor, un dolor que le acompañó siempre. Con la combinación del nombre de sus hijas creó en la avenida de Bayona una cafetería pionera de la modernidad, Letyana.
Javier, como muchos otros, fue un modelo de persona emprendedora y con visión de los negocios que, con mucho trabajo y dedicación total, logró un lugar en el mundo comercial pamplonés. Así lo hicieron la inmensa mayoría de los negocios y tiendas de “toda la vida”, desde abajo, con profesionalidad, buena atención, conocimiento del oficio y de las personas. Esa proximidad que se ha perdido con los nuevos comercios “de masas” en que todo es impersonal, en los que no se aplican los principios de “estamos a su servicio” y “el cliente siempre tiene razón”, sino todo lo contrario.
A Javier, Pilar y Ana les caracterizó en su vida profesional un afán de superación desde la idea de la “obra bien hecha”, tanto en los locales como en el servicio, de que los clientes son personas a las que se ha de tratar como tales, porque, si no lo son, podrán serlo, incluso hasta amigos. Transmitió a “sus chicas” lo que aprendió en los Agustinos: “estamos para servir” a los demás, donde la Providencia y nuestra libertad nos vayan colocando, en los muchos espacios que crean la vida y la sociedad.
Javier tenía una personalidad imaginativa y dinámica, con don de gentes y fácil acceso a las personas. Su vida podemos reconocerla en el verso de Bertolt Becht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. / Hay otros que luchan un año y son mejores. / Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. / Pero los hay que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.
Javier fue uno de ellos para su familia, amigos y clientes. Descanse en paz.
Los autores son primos del fallecido