Basilisa Ayerra Zabalza, una centenaria de Asiáin que dio vida a cada uno de sus días

Basilisa Ayerra Zabalza
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Luis Landa El Busto

Publicado el 18/02/2026 a las 07:32

Decía el escritor Borges que “la vida es una muerte que va llegando día a día y la muerte una triste realidad con esperanzas de futuro”. Porque una jornada bien empleada produce un dulce sueño y una vida bien utilizada garantiza una plácida muerte. Basi vivió con autenticidad, ya que ejerció su libertad aprovechando las oportunidades que le dio la vida. 

Basilisa Ayerra Zabalza nació el 15 de abril de 1924 en Asiáin, Cendea de Olza. Su padre Francisco (1879) siguió la tradición de carpintero de Casa Ayerra. Su madre, Josefa Zabalza, ejerció de pastora de la zona montañosa de Beorburu (Juslapeña) de la Merindad de Pamplona. Al casarse con Francisco tuvo que desplazarse hasta Asiáin y del matrimonio nacieron cinco hijas, Jesusa, Soledad, Jacoba, Basilisa y María. 

Su padre Francisco, alegre, trabajador y gran lector, siempre tuvo una relación muy cercana con sus hijas; conversador en sus largas noches a la luz del fuego, mientras giraban el tambor de castañas. Los vecinos del pueblo bromeaban porque no había tenido “la hombría” de tener varones. Le decían: mejor era tirar las cinco al río Arakil; Francisco siempre respondía con humor: tira tú a las tuyas. 

Su madre, Josefa, era reservada y el euskera su lengua materna, por lo que tuvo que adaptarse al castellano y sus gentes. Practicaba una economía de autoabastecimiento, propia de su casa natal del caserío. Elaboraba sus propios hilos de lino para convertirlos en puntillas, cuidaba de los animales, de la huerta y de las ropas de trabajo de toda la familia en azul y negro: camisas, pantalones, faldas y toquillas. 

Basilisa, de pequeña, ya iba asimilando y practicando el trabajo diario de sus padres, aunque al ser la pequeña era considerada la mimada. Inteligente, sensible, perfeccionista, respetuosa. En Asiáin fue la mano derecha del maestro, de manera que en ocasiones le sustituía en la escuela unitaria de 80 alumnos. Recibió clases de armonía y participó en el coro parroquial y en toda actividad cultural del pueblo. 

Basi conservó como un tesoro su cuaderno escolar de 1938, con letra cursiva a pluma y sin ningún borrón con 154 páginas sobre matemáticas, geografía, historia y reflexiones religiosas y morales. Se conservó soltera a pesar de las “ofertas” matrimoniales que recibió, “porque no quería alejarse de su familia y, sobre todo, de sus sobrinos”. La familia no disponía de recursos económicos y Basi no pudo estudiar magisterio y siguió la profesión de su hermana Soledad: modista, recibiendo clases de la creadora de corte y confección, doña Seve Urrutia. Casa Ayerra pasó de ser una carpintería a una concurrida escuela de modistas, atrayendo y dando vida a todas las mozas del entorno. A su hermana Soledad se le quedó pequeña Casa Ayerra y se desplazó a la calle Dormitalería de Pamplona en 1960; más tarde viene Basi y el resto de la familia, dando vida al nuevo taller Basi-Ayerra. 

A partir de la década de los 70 tiene espacio propio en Pamplona e inicia su andadura, de forma autodidacta, en la pintura al óleo con tablas de fotos familiares, paisajes y finalmente el retrato, así como el pirograbado o la marquetería, pero no acostumbró a firmarlos. 

Su sobrina Gloria Aguinaga la ha tenido a su lado durante 68 años y afirma: “Mi tía Basi ha sabido apreciar la vida, ha disfrutado del amor mutuo de la familia y ha podido dar rienda suelta a su creación artística. Han sido 102 años con la mente lúcida y el corazón abierto a los demás”. 

Falleció el 28 de enero de 2026 a los 102 años en la residencia Landazábal El funeral celebrado en Asiáin fue una muestra palpable del cariño que despertó en su vida y que se rememora con la narración de numerosas vivencias. Sus sobrinas Alba y Juana mostraron, después de la misa, su afecto a través de sus decenas de anécdotas: “Sole y Basi, hermanas inseparables, las Zipi y Zape de la familia”; “La Gloria fue la hija que nunca tuvo, pero siempre estuvo”; “Basi era muy religiosa y participaba de la misa de la capilla de San Fermín por YouTube“; “El verano de 2024 fue el último en Asiáin, disfrutando con sus sobrinos en la huerta, en la orilla del río Arakil y de las comidas caseras al son de las melodías con la guitarra. 

Esperemos que su añorada Casa Ayerra de Asiáin haya sido trasladada al cielo. Descanse en paz.

El autor es amigo de la familia

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