Miguel Ángel Franco Barásoain, una gran persona

Miguel Ángel Franco Barásoain
AmpliarAmpliar
Miguel Ángel Franco BarásoainDN
Miguel Ángel Franco Barásoain

CerrarCerrar

Juan Cruz Alli y Loli Turrillas

Publicado el 02/12/2025 a las 07:42

El pasado 20 de noviembre falleció en Pamplona a los 84 años Miguel Ángel Franco Barásoain. A su esposa María, hijas Isabel y Ana, yernos y nieto Miguel, les acompañamos en el dolor de la pérdida de un esposo, padre y abuelo que era una gran persona, atento con cuantos tuvimos la suerte de conocerle a lo largo de su vida.

Miguel Ángel fue el menor de una familia numerosa con cuatro hermanas Carmen, Elena, Ana y María Cruz. Con su hermano Ignacio fueron alumnos del Colegio Calasanz de la calle Olite de Pamplona, ambos conocidos por ‘Pirulo’, que pasó del mayor al menor. En la manzana de las calles Olite, Teobaldos, Aralar y San Fermín vivían muchos de nuestros compañeros de distintas edades y cursos como los Otano, Martínez, Franco, Beroiz, Ruano y otros que nos introdujeron a muchos de sus compañeros del casco antiguo en el II Ensanche, con parte de sus solares sin edificar, en la Media Luna, Beloso, los chalets y el Soto de Lezkairu. Miguel Ángel y otros como Pachi Beroiz jugaron en el Argaray, que tanto prestigio dio al baloncesto pamplonés, siendo compañero de los Arina, García, Rosain, Munáriz, Undiano y muchos más.

Tras sus estudios mercantiles, Miguel Ángel entró en la plantilla del Crédito Navarro, suficiente para que le llamáramos “banquero” que, con su sonrisa y sentido del humor y amabilidad permanentes, matizaba en “bancario”.

Por esas cualidades siempre estuvo cara al público, siendo la persona servicial y, muchas veces, pacientísima necesaria en esos puestos. Conocía a todos los clientes por su nombre y apellidos, datos bancarios y personales, tirando de la ficha, no había informática, sin necesidad de preguntarles. Veían en él la persona adecuada para sus consultas, operaciones y decisiones.

Por todo ello se ganó la confianza de tantas personas y, en particular, de la familia Fuentes Dutor, que contó con él desde los primeros tiempos de su Fundación, presidiéndola desde 2013. Miguel Ángel participó en todos sus proyectos, apoyando a entidades que atienden necesidades sociales, fomentando la cultura, la ciencia y la educación contribuyendo a la calidad de vida y a la transformación social desde una perspectiva cristiana, humanística y social.

De su buen hacer como gestor y presidente supieron Proyecto Hombre, Acnur, Manos Unidas, el Banco de Alimentos, la catedral de Pamplona, la ciudad de Cascante de la que procedía la familia Fuentes Dutor, la publicación de libros importantes y la restauración de obras de arte.

Un día tuvo la suerte de conocer y enamorarse de la vianesa María Martínez, hija de Leonor y Pepe, que era el ‘hombre para todo’ del Ayuntamiento de Viana para el vecindario. Cuando ella le aceptó, porque ellas son las que eligen, “me tocó la lotería” decía; porque su vida, muy dedicada al trabajo, tuvo un nuevo sentido. María le abrió a una nueva familia que ganó dos estupendos yernos, Miguel y Santi, esposo de su hermana María José, padres de Beatriz y Yolanda. También a la ciudad del principado y a sus gentes, en la que se integró con el entusiasmo que ponía en sus afectos. Participaba, como un vecino más, en sus celebraciones como la romería del lunes de Pascua a la ermita de la Virgen de Cuevas, colaborando con el ‘sartenero’ Pepe en la preparación de las viandas que aportaba Leonor y todos disfrutábamos.

Cuando nacieron sus hijas Isabel y Ana se convirtió en un padre amante y entregado, como sólo él sabía hacerlo. Pasó a ser “Miguel y sus chicas” y, como decía, “me va muy bien así”. Completó el ciclo de sus afectos con su nieto Miguel, demostrando que “todavía se podía querer más”. Y es que Miguel Ángel fue un gran corazón, con una mente lúcida y matemática.

La vida nos llevó a reencontrarnos en la tropa scout de la Parroquia de la Paz, donde Isabel y nuestra hija Luisa empezaron juntas de ‘alitas’ y progresaron a ‘rangers’. Fueron muchos los espacios de convivencia y amistad, en los campamentos de Artieda y Burgui, los ‘sanjorges’ y ‘sanfranciscodeasís’, las paellas, los fuegos, las canciones y el esquí de fondo en Belagua.

Me viene a la mente la despedida scout que tantas veces cantamos: “Adiós digamos todos /entonando esta canción/ a los dulces recuerdos / que vivimos con amor”. Descansa en paz, Miguel Ángel.

Los autores son amigos del fallecido.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora