José Luis Fernández Calvo, vida de un médico

José Luis Fernández Calvo
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José Luis Fernández CalvoCEDIDA
José Luis Fernández Calvo

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José Miguel Iriberri

Publicado el 30/01/2026 a las 07:48

Por las pausas en la conversación y por sus pasos de caminante tranquilo y hortelano paciente, José Luis Fernández Calvo podía parecer un tipo a cámara lenta, de los de vuelva usted mañana. Todo lo contrario. Vivía siempre en el día siguiente, en el mañana, como si temiera que la vida no le diera tiempo para cubrir una densa e intensa biografía. Murió en paz el pasado día 20 de enero, a los 87 años de edad, con un moderado pero indisimulado orgullo, tras una buena carretada de deberes cumplidos.

La velocidad vital le empujaba desde el mismo nacimiento, como a tantos niños venidos al mundo en circunstancias familiares adversas por desplazamientos y la pobreza de la Guerra Civil. La familia, el reagrupamiento, marcaría su infancia, La Rioja de Oyón y Sorzano, los primeros estudios, hasta el traslado personal a Madrid, donde estudia y trabaja para ganarse la vida. Eso siempre, desde los primeros colegios, con becas por labores colegiales, y luego, en Madrid, sacando dinero al otro lado de la barra de un bar o en labores del control aéreo en Torrejón.

Quería llegar a la universidad y vino a Pamplona, tan cerca de La Rioja, para matricularse en la Universidad de Navarra, donde hizo la carrera trabajando aquí y allá. Quería ser médico y alcanzaría el puesto de jefe de análisis clínicos en el laboratorio del Hospital Virgen del Camino donde desarrolló toda su vida profesional. Su hospital. En noviembre de 1989, José Luis Fernández clausuró los actos del XXV aniversario del centro médico con una conferencia de recuerdos y datos recopilados. En memoria de pacientes y médicos, el doctor Fernández Calvo, señaló que el 12 de agosto de 1964, el primer enfermo, Ángel María Hualde, ingresó por indicación del doctor Goñi Ayestarán; y tres días después, el ginecólogo José Luis Ara Arregui atendió el nacimiento de la niña Camino Ororbia Ojer, en el primer parto del nuevo hospital.

José Luis Fernández hizo de la residencia Virgen del Camino, a la que se incorporó en 1971, su destino profesional hasta la jubilación. Y de Pamplona, su casa hasta el reciente fallecimiento. Para hablar de su vida y valorar su hoja de ruta, él se colgaba del brazo de Cristina Hidalgo, médico también. Se casaron en la ermita de la Virgen de la O. Tenían trabajo, ganas de trabajar y ánimo para encarar el acoso de las hipotecas. Luego llegaría Teresa, la hija, la querida Teresica. Para entonces, los padres de José Luis, siguiendo su llamada, habían venido desde Sorzano (La Rioja) para instalarse en Pamplona.

Una vida densa, intensa, comprometida con la sociedad. José Luis Fernández aceptó la presidencia del Sindicato Médico de Navarra, formado en 1978 tras la regulación de la libertad sindical. Fue, por tanto, pionero en las reivindicaciones profesionales. Compromiso también con la sociedad en 1991, cuando ocupó el cargo de director general de Bienestar Social en el Gobierno de Navarra. Pero llegado a la jubilación, cuando buscaba sus mejores recuerdos personales, al lado de Cristina, su esposa, destacaba con un orgullo pleno, alto y ancho, los años de presidencia de ANFAS, asociación a la que llegó el matrimonio con Teresa. El mensaje de Fernández Calvo era “que las funciones de asistir, defender, representar y promocionar se apoyen en una filosofía humanista y en una metodología técnica”. Con ese telón de fondo, ANFAS creó Tasubinsa, la red de talleres industriales con seguridad social para los trabajadores y bajo la legislación laboral. Por supuesto que encontraron una buena acogida en importantes industrias de Navarra que encargaban trabajo.

En el funeral, al lamentar la muerte y celebrar la vida de José Luis, una sobrina-nieta, Zuriñe Hidalgo, le dijo en un poema que “siempre fuiste presencia, esa que no falla, la que llega con ilusión intacta cuando alguien la necesita.” Verdaderamente.

*El obituario lo escribe José Miguel Iriberri, amigo de la familia

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