Veinte personas cubrieron ayer la totalidad de plazas en el taller de cata de trufas
La hostelería de Estella se volcará este fin de semana en uno de los productos en alza en la comarca, la trufa que crece en 300 de sus hectáreas . Ocho establecimientos la incluyen en sus pinchos y platos tanto hoy como mañana en una iniciativa concebida como preludio de la feria en torno a este producto prevista para el próximo 28 de febrero. La degustación de recetas privadas tiene la cabeza de comarca como epicentro, pero se extiende también a Viana y a la cercana localidad de Larrión.
Al Aralar, Mosquito, Amaya, El Che, La Aljama y Pigor, en Estella, se suman el vianés hotel Palacio de Pujadas y el restaurante Venta de Larrión.
Cada uno de ellos ofrecerá desde hoy pinchos -también platos en algún caso- que no tienen un precio unificado y se cobrarán según la tarifa que los distintos establecimientos aplican a sus tapas habituales (1,60 a 1,80 ?). Los horarios en que estarán a disposición del cliente que quiera degustarlos varían también en función de los distintos locales. Los ocho establecimientos colaboran en el programa organizado por Teder sobre la trufa en Tierra Estella. Pero el plato fuerte llegará el sábado 28 con la quinta edición de la feria de la trufa. Ese día, se repartirán tres mil ejemplares de un recetario de cocina con este hongo que prepara la empresa de comunicación Nexo.
Lleno en el taller de cata
Veinte personas completaron ayer la totalidad de las plazas en el primero de los talleres de cata de trufas impulsados con la colaboración de la asociación de truficultores Lóquiz, del ITG Agrícola y de la Universidad de Navarra. La participación en estos dos últimos casos se concreta en dos expertos en el producto, el técnico del ITG Raimundo Sáez García-Falces y la profesora de la Universidad de Navarra, Ana de Miguel Velasco. Ambos estuvieron ayer presentes en el taller que reunió tanto a profesionales de la restauración de la zona como a personas interesadas en aprender algo más sobre la trufa. Para hacerlo, contaron con el producto fresco de tres de las variedades existentes. No faltó la de mayor nombre en la zona, la negra o Tuber melanosporum, pero pudo contarse también, pese a la época del año, con la trufa de verano o Tuber Aestivumy con la brumale.Los asistentes pudieron probarlas con pan tostado y aceite de oliva en una iniciativa que, como subrayó el presidente de los truficultores Lóquiz, Serafín Nieva, pretende también enseñar a leer en la etiqueta y a distinguir de qué tipo se trata cuando se va a comprar.
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Imagen de la cata de trufas que tuvo lugar ayer por la mañana en la casa de la juventud de Estella. M.P,A.
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