No sólo la mano del hombre ha tallado las rocas de Peñalba. Al sobresaliente conjunto barroco de San Gregorio le acompañan unos sorprendentes monolitos esculpidos por la acción de la erosión durante miles de años. En la zona también se les conoce como mormas y una de las leyendas asegura que una madre que se encontraba con sus tres hijas en el campo, al oír el toque de misa, las invito a acompañarla. Sin embargo, estas se negaron y la madre las maldijo para que se convirtieran en piedra. Hoy se puede ver uno de estos monolitos a tan sólo un kilómetro de la basílica y se puede acceder a él por una senda de fácil acceso. Poco más abajo, en dirección a Mues, y visible también desde la carretera, se alza otro monolito que llaman del guardián o vigía, una nueva roca antropomorfa sobre la garganta del río Odrón. A la izquierda de esa garganta, en término de Mues, hay también otras rocas curiosas, como las peñas de Roiti, o las peñas del Gato, que destacan entre los pinos de la sierra de Cábrega. No hay quien falta, también, que ha comparado el aspecto de estos monolitos con los Mohais de Isla de Pascua y las figuras de la culturaTiawanaku de Bolivia.
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