Q UE no se venga nadie abajo por lo ocurrido en El Molinón. Era más o menos previsible. No la derrota, pero sí las circunstancias que envuelven a los partidos de Osasuna. Algunos pensaban que con Camacho los árbitros iban a respetar más al equipo, que los postes iban a ser goles, que los dos delanteros iban a ser garantía de victoria, que la agresividad iba a rezumar por los poros de los jugadores gracias a los gritos desde la banda del murciano. Era mucho pedir, muchísimo. Apenas ha tenido margen de tiempo el de Cieza para saber qué terreno pisa, qué debilidades tiene su equipo, qué obstáculos tiene que superar, porque casi no sabe ni de qué juegan sus chicos. El trabajo que tiene por delante Camacho no es sólo decir "vamos, chavales". Es aprender a lidiar con todas las dificultades que supone ser entrenador de Osasuna. Y, aunque sea un recién llegado, experiencia tiene para ello.
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