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JOSEP MARÍA FLOTATS ACTOR Y DIRECTOR TEATRAL

Flotats y Triola, duelo verbal en el Gayarre

"Empecé en Barcelona haciendo doce funciones semanales por cien pesetas; me parecía mágico hacer de actor"

Actualizada Sábado, 21 de marzo de 2009 - 04:00 h.
  • A.P . PAMPLONA

Convénzame de que ésta no es una función para intelectuales.

No, en absoluto. Es una obra para gente de bien que le interesa saber qué piensan dos genios. No es una clase magistral, sino el encuentro entre dos genios del siglo XVII que hablan de temas elevados pero que, al final, son las mismas preocupaciones que sigue teniendo la humanidad hoy.

Vuelve al teatro de texto. ¿No es una apuesta arriesgada, en estos tiempos del boom del musical?

No, yo creo que no. Son dos géneros de teatro muy distintos, y la gente sabe qué es lo que va a ver. Esta obra no solamente no es minoritaria, sino que es popular, como nos ha demostrado el lleno del Teatro Españolde Madrid día tras día.

Ha llegado a decir que el teatro es como un sacerdocio laico.

No sé si es así para todo el mundo, pero sí para mí. Lo digo en el sentido de entregarse completamente a algo en lo que se cree. Esta especie de pasión se parece a un sacerdocio, laico naturalmente, aunque sea un palabra un poquito peligrosa. Yo estoy 24 horas al día con el teatro, haciendo, pensando o imaginando. Cuando preguntan: ¿Te vas de vacaciones? Sí, claro, pero debajo de un pino o bañándome en el mar, mi pensamiento está con el teatro. No es trabajo, es placer, entrega total, matrimonio.

¿Y nunca se tienen ganas de echar una canita al aire?

¡Pero si es que no me cansa! Una cosa son las horas de ensayo, que eso tiene que tener un horario, y otra imaginar, leer textos... Es una ocupación apasionante.

Lleva más de 50 años en los escenarios. ¿Qué balance hace?

Siento que tengo la misma necesidad de teatro, la misma pasión, que cuando empecé. Quizá he adquirido oficio y madurez, aunque tampoco me gustan esos términos, porque implica que te has aburguesado en tus interrogaciones. Creo que siempre hay que ponerse en peligro, arriesgarse, jugársela.

Empezó a estudiar teatro en Estrasburgo gracias a una beca que le dio el Instituto Francés de Barcelona, después de pedirla día tras día durante meses. ¿Es verdad que la crearon ex profeso para usted por su insistencia?

(Ríe). Sí, es verdad, aunque eso lo supe después. No sé cómo tuve esa cara. Hoy no me atrevería a volver a un sitio donde me dicen que lo que les estoy pidiendo no existe.

¿Esa constancia es la que le ha valido a lo largo de la vida?

Seguramente. Debo de ser tozudo.

¿Es cierto que empezó a haciendo doce funciones semanales por cien pesetas?

Sí, también es cierto. Fue en Barcelona, antes de que me dieran la beca. Fue una época fantástica, llena de ilusión. Me parecía mágico salir de mi casa para ir al teatro. ¡Hacer de actor! Era algo impensable, que me costaba creer.

¿Recuerda su etapa como director del Teatro Nacional de Cataluña con un sabor agridulce?

No, en absoluto. Lo recuerdo como una etapa apasionante. Yo lo provoqué, lo creé, puse todo mi esfuerzo en que se hiciera y estuve más de 13 años allí. Me siento muy orgulloso de todo eso. Otra cosa son los problemas que hubo después, porque yo no acepté transformarme en un felpudo sobre el que el político se limpiara los pies cada día. Pero eso es otra historia, que ni me interesa.

¿Es imposible mantener la libertad de creación cuando hay dinero público detrás?

No sé si es imposible, pero sí es visiblemente muy difícil.

¿En este país más que en otros?

En mi caso concreto, que estamos hablando de hace más de diez años, diría que había unos tics, unas maneras de actuar, heredadas del franquismo. Por más demócratas que se dijeran, aún se pensaban como el amo que manda y ordena. Creo que, por suerte, esas actitudes van desapareciendo.

¿Qué le queda por hacer?

Muchísimas cosas, pero no sé cuáles. Seguir haciendo teatro es apasionante.

De retirarse, nada.

¡Ni hablar! Mientras pueda y aguante, ni hablar. Quizá es insensato, pero así lo siento.

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Josep María Flotats y Albert Triola, Descartes y Pascal respectivamente en la obra, ayer en el patio de butacas del Gayarre. JAVIER SESMA


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