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Papá y mamá a la vez

Actualizada Jueves, 19 de marzo de 2009 - 03:59 h.
  • I.B . PAMPLONA

María había cumplido su cuarto mes de vida cuando Miren, su madre, murió de forma repentina. Sucedió hace 11 años, en pleno San Fermín. Su marido, Ignacio Cascante Díaz, un joven ingeniero de 29 años, se encontraba por trabajo de viaje en Alemania. Miren tenía 34 años.

"Cuando decides formar una familia y de la noche a la mañana la vida cambia, te quedas muy tocado. No es algo que decides. Se te impone". Ignacio conversa despacio. Lo hace frente a un pequeño esquema que ha elaborado para que no se le olvide nada. Le gustaría que su experiencia ayude a otros en la misma situación.

Se volvió a casar hace cinco años con Marimar Calleja, una barcelonesa de 41 años que conoció en un curso de catequesis en una parroquia de Pamplona. "Al principio no puedes tomar grandes decisiones", apunta Ignacio, "pero hay que sobrevivir. Afortunadamente, mis padres y los de Miren residían en Pamplona y me ayudaron a cuidar a María mientras preparaba el papeleo que conlleva el duelo. Durante un tiempo, nos trasladamos a casa de mis padres. Para no perder nuestra independencia pasábamos los fines de semana en mi casa". Ignacio lo primero que necesitaba era estabilizar la situación. "En esta coyuntura no hay que emprender grandes cambios. Yo seguí trabajando para ocupar todas las horas del día".

Marimar entra a casa cargada con bolsas. Sonríe. "¿Puedo escuchar?", dirige una mirada cómplice a su marido desde la cocina. María sale de su habitación y enseña a su padre un folio en blanco. "¿Papi, cómo dibujo el eslogan que nos han mandado en el colegio sobre el pan, en horizontal o vertical?", María orienta el papel en blanco en los dos sentidos buscando la dirección correcta. "Mejor en horizontal", aconseja su padre y continúa. "Fueron momentos complicados. Estás solo con el bebé y la gente opina. Aconseja demasiado. Te recomiendan actuar de una manera o de otra... Está bien que te ayuden en el trance, pero el padre era yo y las decisiones debían gozar de una cierta independencia". Marimar sale de la cocina y se acomoda en uno de los sofás. "El rol de ser padre y madre a la vez es complejo. Físicamente agota. Y este cansancio influye en el carácter. Hay que saber cuándo descansar". En estos momentos de debilidad, los familiares desarrollaron un papel fundamental. "En estas edades en las que los niños tienden a enrabietarse, es importante conservar las decisiones". Ignacio valora de manera muy especial el papel de la mujer como madre. "Los padres y las madres somos muy distintos psicológicamente. La niña lo sentía. Le hacía falta la referencia de una madre. Yo soy bastante cariñoso y a mi hija María le he dado todo el afecto que he podido, pero hay cosas que no he conseguido entregarle. La madre aporta una relación emocional de un tipo y el padre de otro". María ha terminado el dibujo. Se lo enseña a su padre: ha pintado un hombre musculoso con un bocata en la mano. Acto seguido, se sienta al lado de Marimar, le agarra de la mano. "María fue creciendo y se sucedieron las preguntas. Al escolarizarla, empezó a sentirse diferente en clase. Mientras sus compañeros hablaban de su madre, María lo hacía de su padre y sus abuelos. Preguntaba: ¿Y por qué no está mamá? El nivel de su conciencia sobre la ausencia fue aumentando. Las preguntas eran cada vez más complejas. Había que responderlas, adaptándolas a su edad. Los libros sobre educación y crecimiento del niño han sido muy útiles. Los bebés vienen sin manual", ríe. Para que María no perdiera las raíces de su madre biológica, Ignacio optó por no perder la relación con la familia de Miren. "Todas las navidades cenamos una noche con ellos", apunta. "Han aceptado muy bien a Marimar".

Al morir Miren, Ignacio escribió en un papel todo lo que quería seguir recordando de ella. En este legado protege un torrente de valores que le gustaría entregar a María cuando sea algo más mayor. "Afortunadamente, encontré a Marimar que, sin precipitarse, creó su propia relación con María. Es una mujer que posee un gran corazón", precisa Ignacio. "El inicio fue muy difícil. No teníamos tiempo para nosotros", expresa Marimar. "Tres años después, de repente, María llamó mamá a Marimar. Ahora, sabe que tiene dos madres".

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