LAS GESTIONES DIPLOMÁTICAS PERMITIERON QUE SE USARA AYER EN EL BASE COMO ENLACE AUNQUE SU DUEÑO, AL NO TENER PERMISO OFICIAL, SE NEGABA A CEDERLO
Es algo que puede chocar, más aún en la actual era de las comunicaciones y de las tecnologías, pero ayer un simple teléfono satélite pudo haber arruinado todas las tareas de rescate en la cara sur del Annapurna y el hecho de que Iñaki Ochoa de Olza fuese tratado con medicamentos a 7.400 metros de su lesión cerebral.
La noticia llegó al centro de coordinación pocos minutos antes de las 8 horas (11.45 horas en Nepal) y fue un auténtico jarro de agua fría. La persona de contacto del equipo de rescate en el campo base anunciaba una leve mejoría del montañero navarro pero, a la vez, explicaba que el único teléfono satélite existente en el campo base iba a dejar de estar operativo en media hora. Su dueña, funcionaria de Naciones Unidas que realizaba un trekking (marcha) por el Annapurna, regresaba ya a Katmandú y se negaba a dejarlo en el base pese a conocer la situación y los planes de rescate.
El mundo cayó sobre los coordinadores del grupo de rescate, que trataron de convencerle de que lo dejara al menos un día (hoy, en principio, llegarán más teléfonos con un nuevo grupo de rescate) e, incluso, le plantearon comprárselo al precio que fuera. "Entiendo la situación y la importancia que tiene para vosotros, pero es material de Naciones Unidas y debo llevármelo conmigo", respondía la funcionaria a las ofertas. Solicitaba un permiso oficial para dejar el teléfono.
De esa forma, el grupo de rescate perdía su única forma de enlazar con la montaña desde Pamplona, su fuente de información para coordinar y salvar al montañero navarro y la única llave para contactar con los distintos montañeros repartidos a lo largo de la montaña (que se comunican entre sí por radios y walkie-talkies).
Rápidamente (el plazo dado era sólo de media hora), Koldo Aldaz y sus compañeros pusieron en marcha un operativo con llamadas al Ministerio de Asuntos Exteriores y a la Agencia Navarra de Emergencias (ANE) para dar a conocer el hecho. Fue el director gerente de la ANE, David Sainz, quien logró, tras telefonear a las sedes de Naciones Unidas en Katmandú y Ginebra, el permiso necesario para que la funcionaria cediese el teléfono para el rescate. Ella recibió la noticia cuando ya abandonaba el campo base. Pero el teléfono se quedó.
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