El 95% de la población inmigrante encuestada asegura que su vivienda presenta algún tipo de carencia. Ésta suele venir asociada, según el estudio de Anafe, con el desconocimiento de la realidad del mercado inmobiliario y cierto rechazo entre la población autóctona a la hora de realizar con ellos una operación de alquiler o venta. Las viviendas suelen ser de muchos años de antigüedad, en muchos casos más de 40, que no han sido reformadas, y que presentan problemas de conservación y deficiencias severas respecto el deterioro de materiales y la conservación de espacios.
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