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Navarra no es nadie

04/06/2019Aitor Castañeda Zumeta

Mucho se ha hablado de la personalidad diferenciada de Navarra, tanto desde unos sectores como desde otros. Ninguno ha dudado nunca en cuestionar, al menos en público, que Navarra es una tierra derivada de un reino que le da un estatus decisivo con un margen en comparación (casi) siempre mayor que sus regiones hermanas, empezando por el control sobre sus impuestos directos. Todo esto se pone siempre patas arriba cuando acaban las elecciones. En Navarra hay dos comunidades perfectamente diferenciadas, las dos igual de fueristas, las dos difícilmente compatibles. Eso provoca que una vez finalizan los comicios, sean del tipo que sean, todos se sientan legitimados para decidir qué pactos hay que hacer y cómo, y generalmente desde fuera. Es exactamente lo que pasa ahora: desde Ferraz hay que decirle a Chivite con quién debe pactar y cómo para no romper el frágil equilibrio que sostiene a Sánchez en la Moncloa. Por otra parte, todos los partidos nacionales con quienes se ha juntado UPN –único que se dirige íntegramente desde Navarra– se ven con derecho a matizar cómo se tiene que pactar y cuándo, siendo los regionalistas a quienes menos se oye. Por otra parte, el mundo abertzale no se queda corto, y mientras EH Bildu, con una cuota de poder estimable en Pamplona y el norte de la comunidad, es desestimado por casi todos, el PNV supedita sus pactos en Euskadi y en Madrid a la relación que marque el PSN con Geroa Bai. En definitiva: todas las miradas desde fuera. El último en hablar ha sido Abascal, a quien nadie ha llamado, pero quien ve una cesión al terrorismo que Navarra no la gobierne NA+. Como si todos los que desean un gobierno alternativo fueran etarras. Y por la misma senda, el diario ABC publica una portada demagógica donde se ve a Euskadi conquistando Navarra, como si la mayoría social del PNV fuera lo único que tiene en mente cuando vota a ese partido –probablemente, lo único que no tiene–. O lo que es peor: como si la Comunidad Vasca y el PNV fueran sinónimos... Solo me queda pensar que si en España los partidos fueran herramientas para ayudar a los intereses particulares a prosperar –en aras, eso sí, de un superior bien común–, Navarra tendría voz propia, y así también todas las regiones, provincias y municipios que tuviesen situaciones que solo se pueden se solucionar desde dentro, sin que el estado –u otras realidades vecinas– se inmiscuyan en sus asuntos. Si Navarra quiere sumar es imprescindible que sus partidos propios la miren, solo a ella, y que las federaciones de formaciones más grandes dejen de mirar a Madrid (o a Bilbao) para centrarse en lo que se debe hacer en la Comunidad, sin romper aquella misión por la que la gente los ha votado. Aunque me temo ser una voz en el desierto.

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