In memoriam
Publicado el 25/10/2018 a las 08:51
Hoy se cumplen 32 años del asesinato del General Gobernador militar de Guipúzcoa Rafael Garrido Gil junto a su esposa Daniela Velasco y su hijo Daniel, de 16 años, además de María José Teixeira, de 27, quien pasaba por el lugar del atentado, en pleno centro de San Sebastián.
Aquel sábado 25 de octubre de 1986, la familia se disponía a pasar el día en el Pirineo navarro cuando dos sicarios de la mafia nacionalista etarra hicieron explotar una potente bomba en el vehículo oficial que les llevaba. Para asegurar su muerte pusieron el artefacto en el techo, único punto donde no existía blindaje. Sólo sobrevivió el conductor, soldado Jesús Ferrer, gracias al aviso que dio el General al percatarse de la colocación de la bomba. Velamos sus cuerpos, destrozados, en el edificio del Gobierno militar, mientras en la calle, a escasos metros del lugar del atentado, algunos malnacidos lo celebraban, tal como solían hacer siempre tras cada asesinato. Aquellos cobardes que alentaron a los asesinos y nunca han condenado sus crímenes hoy gobiernan ayuntamientos y comunidades.
Desde ahí trabajan para alcanzar, por otros medios, el mismo fin que perseguía la banda terrorista: destruir al Estado español, lo que significa acabar con nuestros derechos y libertades. Lo cierto es que ETA fue abatida por las Fuerzas de Seguridad del Estado -con la Guardia Civil a la cabeza-, pero su proyecto sigue vivo en el País Vasco, Navarra y Cataluña. Por eso no podemos ni debemos olvidar sus crímenes y, en honor a las víctimas, defender la justicia y la verdad frente a la indignidad de los pactos en la sombra.
Manuel Sierra, coronel de Infantería (reserva)