En agradecimiento a la residencia Landazábal de Burlada

M.Carmen, Conchi, M.Angeles y M.Jesús. Hijas de Inocencia Zulategui Ros|

Publicado el 26/06/2021 a las 11:19

“Donde se ama el arte de los cuidados, también hay amor por la humanidad” (Hipócrates).

“No es lo que llevas en los bolsillos lo que te hace valioso, sino lo que dejas en el corazón del otro” (Tomás Alva Edison).


“Los personas mayores crean recuerdos que el corazón guarda para siempre, especialmente si se nos ha sido encomendado su cuidado (Willian Hazzard).


“Algunos días no habrá una canción en tu corazón. Canta de todos modos” (Emery Austin).


Hemos querido empezar este escrito de agradecimiento con una mención expresa a estos cuatro magníficos profesionales, además de pensadores y grandes conocedores de la naturaleza humana, tomando prestadas sus reflexiones y haciéndolas nuestras para que sirvan de referencia a lo que tratamos de transmitir. Nuestra madre ingresó en la residencia Landazábal de Burlada, el 24 de abril de 2017, cuando el avance de su enfermedad había producido un deterioro y unas limitaciones que hacían imposible la continuidad de los cuidados en casa, y allí ha permanecido hasta el día de su fallecimiento el 14 del presente mes de junio.


Recordamos muy bien aquel tiempo de espera en el vestíbulo del centro cuando acudimos a la primera entrevista con la trabajadora social. El miedo se había autoinvitado a la reunión y se sentó a nuestro lado. No era extraño. La primera tentativa de encontrar acomodo para nuestra madre- breve afortunadamente-en una residencia cuyo nombre preferimos no mencionar, había resultado una auténtica decepción. Era comprensible nuestra reticencia y temor. Sin embargo, y en honor a la verdad, hemos de decir que desde esa primera acogida que resultó enormemente clarificadora y tranquilizadora nuestro incómodo acompañante, el miedo, se disipó por completo y ya nunca volvió a aparecer.


La pulcritud, aquellas paredes luminosas y bien cuidadas, los detalles que veíamos a nuestro alrededor contrastaban con la frialdad del centro anterior y contribuían a reforzar nuestra buena impresión inicial.


El transcurrir del tiempo fue incrementando ese sentimiento de seguridad y aportando nuevos e importantes motivos de satisfacción. El buen hacer del cuerpo médico y del equipo de cuidadoras y cuidadores ha sido una auténtica garantía para nosotras y nos ha proporcionado una confianza plena en su labor. Seguimiento y dedicación ejemplar desde el principio hasta el final, personal siempre presente, siempre diligente y con ese aporte añadido de cariño y proximidad que tanto bien hace a residentes y familiares.


Respuestas oportunas y clarificadoras a nuestras dudas e inquietudes, palabras reconfortantes cuando la situación lo requería, delicadeza y atención de calidad. No sería justo dejar de mencionar la excelente respuesta de todo el personal a la difícil tesitura de afrontar esta devastadora pandemia que nos está tocando vivir. Creemos que la gestión del centro ha sido modélica y debe ser motivo de orgullo para todos sus integrantes.


No hay ninguna duda pues de que las frases que encabezan este escrito cuadran a la perfección con vuestra manera de hacer, ya que representáis muy bien su espíritu y sentido: El amor a la tarea desarrollada y su repercusión en todo el colectivo humano, la identificación de lo que es realmente valioso, la plena conciencia de lo grandioso de la labor que se realiza y la perseverancia más allá del desaliento. Por todo ello, nuestro más sincero agradecimiento.

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