Estudio
Las duchas frías benefician a la salud, el bolsillo y el medio ambiente, según un estudio
El estudio incluyó a 719 participantes de entre 18 y 65 años a quienes se les pidió que se ducharan con agua lo más fría posible durante 12 semanas


Publicado el 08/11/2026 a las 13:36
Ducharse con agua fría, no necesariamente helada pero sí lo más fría que se tolere, beneficia a la salud ya que reduce los días de baja. También supone un ahorro energético y, por tanto, menor gasto energético y un beneficio al medio ambiente, según un estudio de la Universidad de Basilea (Suiza).
La autora del trabajo, la psicóloga Lena Glaser, reconoce que muchas personas saben que su comportamiento daña el medio ambiente, pero les cuesta cambiar sus hábitos. "Esto es especialmente cierto cuando sienten que tienen que renunciar a algo o gastar más dinero", señala.
En su tesis doctoral Glaser exploró si las personas están más dispuestas a adoptar hábitos que beneficien tanto al clima como a su salud si estos hábitos son fáciles de incorporar a la vida cotidiana y ofrecen recompensas personales, y lo hizo estudiando los efectos de las duchas frías regulares.
"Cuando la gente habla de cambiar sus hábitos para proteger el clima, la conversación suele centrarse en el transporte, la alimentación o el reciclaje", afirma Glaser. Sin embargo, en estos ámbitos, medidas drásticas como prohibir los vuelos o servir solo comidas vegetarianas en los comedores de las empresas suelen encontrar resistencia.
Algunos incluso sienten que se están controlando sus elecciones de estilo de vida, a pesar de saber que volar contribuye al cambio climático y que comer carne tiene consecuencias negativas tanto para el medio ambiente como para su salud.
"Necesitamos un enfoque más empático si queremos que la gente cambie su comportamiento", opina Glaser, quien señala que la temperatura y el consumo de agua rara vez se mencionan en los debates sobre acción climática, a pesar de que cambiar los hábitos de ducha tiene un impacto ambiental comparable al del reciclaje.
"Ducharse con agua fría no es precisamente agradable, pero es un pequeño cambio --reconoce--. Al fin y al cabo, nos duchamos de todas formas". Además, es un paso relativamente sencillo que puede ahorrar dinero.
El estudio incluyó a 719 participantes de entre 18 y 65 años a quienes se les pidió que se ducharan con agua lo más fría posible durante 12 semanas. Para participar, debían gozar de buena salud y no ducharse habitualmente con agua fría.
Muchos participantes abandonaron el programa durante las dos primeras semanas, pero la tasa de abandono disminuyó posteriormente. "Eso sugiere que la gente se acostumbra gradualmente", concluye Glaser.
A medida que avanzaba el estudio, los participantes restantes informaron sentirse cada vez mejor, tanto mental como físicamente. Según Glaser, estas mejoras subjetivas también se reflejaron en sus bajas por enfermedad: en promedio, los participantes se ausentaron un 31 % menos de días que el grupo de control.
Al preguntarles sobre los beneficios inmediatos de una ducha fría, los participantes dijeron sentirse más despiertos y revitalizados. También se enorgullecieron de haberse esforzado por hacer algo incómodo. "Experiencias como estas pueden ser motivadoras", afirma Glaser.
Con el tiempo, ducharse con agua fría también supone un ahorro económico. La gente tiende a pasar menos tiempo en la ducha, reduciendo así su consumo de agua. Además, consumen menos energía, ya que no es necesario calentar el agua. Por ejemplo, en una ducha de 45 litros, bajar la temperatura del agua de 40 °C a 15 °C ahorra 1,3 kWh de energía. Esto se traduce en facturas de servicios públicos más bajas y una reducción considerable de las emisiones de CO2.
Durante el estudio de 12 semanas, los participantes redujeron sus emisiones de CO2 en 15 kilogramos por persona, lo que equivale aproximadamente a las emisiones de conducir 100 kilómetros. En otras palabras, ducharse con agua fría tiene sentido tanto desde el punto de vista medioambiental como económico, señala.
"Cuando las personas ven un beneficio personal al cambiar su comportamiento y no sienten que están renunciando a algo o perdiéndose algo, están más motivadas para perseverar", asegura Glaser.
Se desconoce si los participantes continuaron tomando duchas frías una vez finalizado el estudio. Tampoco está claro cuán conscientes del medio ambiente eran en otros aspectos de su vida, ni si compensaron la incomodidad de las duchas frías con otros hábitos. Este comportamiento podría reducir o incluso anular los beneficios ambientales.
Glaser sugiere a quienes aún temen ducharse con agua fría que incluso pequeños cambios en la temperatura del agua pueden tener un efecto positivo. "No tiene por qué ser una cuestión de todo o nada. Encontrar un punto intermedio es perfectamente válido", recomienda.
"Si nos obligamos a renunciar a todas las comodidades y placeres, esto acabará afectando a nuestro bienestar y salud mental. Y enfermar tampoco ayuda al medio ambiente", subraya.
Así, recomienda a quienes estén interesados en probar las duchas frías pueden empezar poco a poco, poner a prueba sus límites y, con el tiempo, quizás ir aumentando la temperatura. "El agua no tiene por qué estar igual de fría todos los días. No todos los días nos sentimos igual de valientes, y eso está bien", afirma Glaser.
Para alguien que lo intente en casa, la instrucción del estudio de ducharse "con el agua lo más fría posible" podría interpretarse de forma diferente: que el agua esté tan fría como te resulte cómoda ese día. "Es importante escuchar a tu cuerpo y prestar atención a cómo te sientes. Pero a veces vale la pena esforzarse un poco", concluye.