Salud
Aurelio Rojas, cardiólogo: "Nuestro cuerpo no responde igual a una comida que a otra, eso depende del momento en que la hacemos"
Cenar al menos tres horas antes de acostarse podría mejorar algunos indicadores de salud cardiovascular y metabólica, según un ensayo clínico publicado en 2026


Actualizado el 09/10/2026 a las 09:55
«De buenas cenas están las sepulturas llenas», decía el abuelo de Aurelio Rojas. Una expresión popular que, según el cardiólogo, conecta con una cuestión que la ciencia está investigando cada vez más: la relación entre los horarios de las comidas y la salud.
Un ensayo clínico publicado en 2026, titulado Sleep-Aligned Extended Overnight Fasting Improves Nighttime and Daytime Cardiometabolic Function, analizó los efectos de prolongar el ayuno nocturno y terminar de comer al menos tres horas antes de acostarse.
Los participantes siguieron una pauta alimentaria en la que se estudiaron los efectos del horario de las comidas sobre distintos parámetros cardiovasculares y metabólicos.
QUÉ OCURRE CUANDO CENAMOS TRES HORAS ANTES DE DORMIR
Según explica Rojas, los investigadores observaron cambios favorables en varios indicadores relacionados con la salud durante la noche. Entre ellos, una reducción de la frecuencia cardiaca y del cortisol nocturno, así como un patrón más favorable de variabilidad de la frecuencia cardiaca y de descenso de la presión arterial durante el sueño.
También se registraron mejoras en algunos parámetros relacionados con el control de la glucosa, incluida la sensibilidad a la insulina.
Estos resultados apuntan a que el momento de la última comida puede influir en la respuesta del organismo, incluso cuando la atención suele centrarse principalmente en la calidad de los alimentos y en las calorías consumidas.
¿CENAR TARDE AUMENTA EL RIESGO DE INFARTO?
Los resultados no significan que cenar tarde provoque un infarto. El ensayo fue pequeño y de corta duración, y no evaluó directamente la aparición de infartos ni la mortalidad.
Sin embargo, sus conclusiones refuerzan el interés por la crononutrición, un campo que estudia cómo los horarios de alimentación interactúan con los ritmos biológicos del organismo.
Por eso, Aurelio Rojas plantea una recomendación sencilla: si los horarios personales lo permiten, dejar alrededor de tres horas entre la última comida del día y el momento de acostarse puede ser una estrategia interesante para cuidar la salud cardiovascular y metabólica.
La idea de fondo es que no solo importa qué comemos, sino también cuándo lo hacemos. Un hábito cotidiano como adelantar la cena podría influir en la forma en que el organismo regula durante la noche funciones como la frecuencia cardiaca, la presión arterial y el metabolismo de la glucosa.