Salud

El olor del chocolate puede ayudar a mejorar el entrenamiento incluso con el estómago vacío

Oler chocolate negro en el gimnasio disminuyó la sensación de hambre, el deseo y la intención de comer, y dejó a los participantes con una mayor sensación de saciedad

Una tableta de chocolate negro
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Una tableta de chocolate negroPixabay
Una tableta de chocolate negro

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Europa Press

Actualizado el 11/07/2026 a las 10:52

Un estudio que investiga la relación entre el olfato, el apetito y la capacidad de ejercicio ha descubierto que el olor a chocolate, especialmente el negro con alto contenido en cacao, facilita el entrenamiento, especialmente el de piernas, aunque sea en ayunas, y los participantes pudieron añadir más repeticiones.

La nueva investigación, publicada en la revista 'Frontiers in Physiology', ha descubierto que durante el entrenamiento de resistencia oler chocolate negro en el gimnasio disminuyó la sensación de hambre, el deseo y la intención de comer, y dejó a los participantes con una mayor sensación de saciedad. Además, pudieron añadir más repeticiones a sus series. Por otro lado, oler chocolate con leche, con menos cacao, hizo la experiencia más agradable. El equipo afirmó que estos hallazgos experimentales podrían abrir nuevas vías para intervenciones prácticas en el contexto del entrenamiento de fuerza.

"Exponer a hombres con un nivel de entrenamiento moderado al olor a chocolate justo antes y entre series de ejercicios de resistencia aumentó significativamente su volumen total de entrenamiento sin incrementar su percepción del esfuerzo -explica el autor principal, el doctor Mohamed Nashrudin bin Naharudin, profesor adjunto de la Facultad de Ciencias del Deporte y el Ejercicio de la Universidad de Malaya (Malasia)-. Observar un aumento sustancial en las repeticiones sin que los atletas sintieran que se esforzaban más es un resultado psicobiológico fascinante".

La muestra de participantes consistió en 23 hombres sanos, con un nivel de entrenamiento moderado, de entre 20 y 25 años. Divididos en tres grupos, se les proporcionó una de tres muestras de olor: chocolate negro líquido con un 90 % de cacao, chocolate con leche líquido con un 60 % de cacao o una muestra de agua como control.

"Sabemos que el olfato está poderosamente conectado con las redes cerebrales del apetito y las emociones, pero sorprendentemente, ningún estudio ha analizado sistemáticamente la interacción tripartita entre el olfato, el apetito y la capacidad real de realizar ejercicios de resistencia", explica Nashrudin Naharudin.

Los participantes no habían comido durante al menos 10 horas antes de realizar las extensiones de piernas, un ejercicio de entrenamiento de resistencia que consiste en sentarse y extender las piernas para levantar un peso. El rendimiento en las extensiones de piernas se evaluó antes y durante el entrenamiento. Antes del ejercicio, se informó sobre el hambre, la saciedad, el deseo de comer y los planes para comer en un futuro próximo. Durante las series, solo se midieron el hambre y el deseo de comer, cada uno tras 30 segundos de exposición a una muestra de olor.

Estas mediciones demostraron que ambos tipos de chocolate tuvieron efectos claros pero diferentes en las medidas relacionadas con el apetito. En comparación con el control de agua y las muestras de chocolate con leche, oler chocolate negro provocó que los participantes reportaran consistentemente menos hambre, menor deseo e intención de comer y mayor saciedad antes del ejercicio. Este aroma suprimió el apetito principalmente al reducir el hambre y aumentar la saciedad. Por el contrario, quienes olieron la muestra de chocolate con leche reportaron una mayor agradabilidad olfativa en comparación con las muestras de chocolate negro y agua, pero no experimentaron cambios en el hambre ni en el apetito.

El olor de las muestras de chocolate afectó no solo a las medidas relacionadas con el apetito, sino también al rendimiento. "Inhalar el aroma de chocolate negro al 90% añadió unas 18 repeticiones más a las extensiones de piernas de los participantes, mientras que el aroma de chocolate con leche al 60% añadió unas nueve repeticiones en comparación con el grupo de control que recibió agua", apunta Nashrudin Naharudin.

Los investigadores creen que estos cambios en la percepción del apetito podrían estar relacionados con lo que aprendemos sobre los olores desde pequeños. Las señales aprendidas, como los alimentos que hemos comido antes, generan expectativas sobre lo que sucede después de comer y pueden provocar un cambio de la sensación de hambre a la de saciedad.

"El aroma del chocolate negro actúa como una señal aprendida para un alimento rico, amargo y muy saciante, que básicamente engaña al organismo y lo induce a un estado anticipatorio de plenitud -subraya Nashrudin Naharudin-. Por el contrario, el aroma más dulce del chocolate con leche actúa más como una señal de recompensa hedónica, aumentando el volumen de entrenamiento al crear un entorno sensorial muy placentero en lugar de modificar las señales metabólicas básicas de hambre".

Estos efectos sugieren que la anticipación de la comida podría tener consecuencias similares a su consumo real, sobre todo porque se observan incluso antes de comer. Los aromas de los alimentos podrían activar el proceso digestivo o desencadenar cambios en el cuerpo y la mente que se producen al anticipar una comida. Estos cambios imitan fielmente algunas de las alteraciones psicológicas y fisiológicas que suelen producirse al comer.

Los autores señalaron que sus afirmaciones siguen siendo inferenciales, ya que no se midieron hormonas sanguíneas ni vías neuronales. Además, es posible que existieran ligeras variaciones en la intensidad del olor entre las muestras de chocolate, y la muestra de agua era inodora, lo que podría haber dado a los participantes pistas sobre si pertenecían al grupo de control. Finalmente, señalan que se necesitan muestras de participantes más diversas para confirmar estos hallazgos.

Tras estos resultados se preguntaron si el chocolate es el único alimento capaz de provocar este tipo de respuestas. "No creemos que el chocolate sea del todo único, aunque es un alimento que evoca asociaciones de recompensa increíblemente fuertes y universalmente reconocidas", aventura Nashrudin Naharudin. Si bien esto aún no se ha comprobado, otros alimentos fuertemente vinculados a la saciedad podrían mostrar efectos similares.

"Es probable que una persona necesite que el olor le resulte familiar y atractivo -o al menos no repulsivo- para desencadenar el cambio psicológico en el apetito necesario para experimentar una mejora en el rendimiento", concluye.

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