Salud

Levantarse a las 5 de la mañana es... muy mala idea

Lo dicen todos los neurólogos. Mientras cada vez más gente se pega el madrugón para ganarle horas al día, los expertos enumeran sus contraindicaciones

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Ixone Díaz Landaluce

Publicado el 06/06/2026 a las 05:00

Si entras a las seis a trabajar, no te queda otra. En ese caso, levantarte cuando aún no han puesto las calles no es una opción, sino una obligación muy sacrificada. Pero la realidad es que cada vez hay más personas que se levantan de madrugada, a las cinco o incluso antes, para ganarle un puñado de horas al día. Hablamos de esas rutinas imposibles que inundan las redes sociales y en las que, antes de que comience la habitual carrera matutina para llegar a tiempo al trabajo o al colegio, los afanados madrugadores van al gimnasio o hacen calistenia y burpees en el salón de casa. Las rutinas también incluyen batidos proteicos, rutinas de skincare, recoger la casa… Y estar listos, con todos los deberes hechos y en perfecto estado de revista, para irse a currar antes de las 8 de la mañana. La agotadora vida moderna.

Pero los expertos no podrían estar más en desacuerdo con esta nueva tendencia. "La productividad no depende de la hora a la que nos levantamos, sino de la calidad del descanso. Cuando no dormimos lo suficiente, nuestro desempeño diurno es peor: estamos más irritables, los niveles de energía son más bajos, tenemos tendencia a la ansiedad, a un ánimo más depresivo…", señala Celia García Malo, coordinadora del grupo de estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN), que insiste en que esta nueva tendencia social carece de toda base científica. "Se está vendiendo como un hábito asociado a la productividad y el éxito que permite tener un día infinito, pero la realidad es que, si nos levantamos a las 5 de la mañana, nos tenemos que preguntar a qué hora nos tenemos que acostar para cumplir con las horas de sueño imprescindibles para mantener una buena salud. Si no, son personas privadas de sueño", indica la especialista.

Los datos son preocupantes. Según la SEN, el 48% de la población española sufre privación de sueño. Sea voluntaria o no. Y cerca del 20% padece insomnio crónico. Para la SEN, lo más importante es respetar el cronotipo individual, que en gran medida viene marcado por nuestra genética. "Es cierto que hay personas que tienen una tendencia natural a ser alondras, personas más matutinas, pero el cronotipo estándar, que es la preferencia individual por seguir un horario u otro, no es ese. La mayoría, hasta el 90% de la población, suele tener un horario de sueño de 11 a 7 o de 12 a 8", apunta García Malo. Tampoco hay que confundirlo con los dormidores cortos naturales, esas personas que, pese a dormir entre cuatro y seis horas cada día, no experimentan ninguna deuda de sueño. Además, apenas representan el 5% de la población.

En realidad, ni siquiera consiste en irse antes a la cama. "La pregunta es si, levantándote a las 5, eres capaz de irte a la cama a las 10. Porque eso nos obliga a un sueño más precoz de lo que nos pide la biología. Sobre todo, en esta época del año", dice la experta. Pero ¿se puede domar el cronotipo? A veces, no queda más remedio. "Progresivamente, si vamos adaptando los horarios, pero también la exposición a la luz, el ejercicio físico o la suplementación con melatonina se puede reubicar un poco la franja de sueño. Pero lo ideal es que las personas organicen su vida en función de su cronotipo".

Privarse de sueño sale caro

Las consecuencias, por supuesto, no son triviales. La más conocida de todas tiene que ver con la salud de nuestro cerebro a largo plazo. "La privación de sueño crónica está relacionada con un mayor riesgo de desarrollar deterioro cognitivo, fundamentalmente de demencia tipo alzhéimer", explica la especialista. De hecho, según la SEN, algunos estudios han demostrado que dormir menos de seis horas de manera habitual puede aumentar el riesgo de deterioro cognitivo hasta en un 30%. Pero los problemas neurocognitivos no son los únicos "daños colaterales" de una mala higiene del sueño.

"El sueño es un periodo de reposo metabólico indispensable para regular la frecuencia cardíaca, la tensión arterial, las hormonas… Por eso, muchos estudios han observado que el insomnio aumenta el riesgo cardiovascular y la mortalidad por esa causa. Pero también está implicado en el apetito y la saciedad, predisponiendo, también, a la obesidad y al desarrollo de la resistencia a la insulina y la diabetes", apunta la experta. Y hay más. Hay hormonas, por ejemplo las que tienen que ver con el crecimiento, que también están muy relacionadas con el descanso. Incluso hay implicaciones a nivel inmunológico, pues la privación de sueño se ha relacionado, según la doctora García Malo, con un mayor riesgo de infecciones, pero también con el desarrollo de tumores.

¿Conclusión? "No hay que normalizar dormir mal. Hay mucha gente que te dice: ‘Yo es que duermo mal de toda la vida’. Y hay que evitar automedicarse. Hay una tendencia a buscar cosas en la farmacia, que alguien te dé un Orfidal… Eso es algo muy común", detalla la especialista, que recomienda, en primer lugar, consultar con el médico de cabecera para valorar si es necesaria la derivación a una unidad del sueño. "Hay personas que duermen mal desde hace años y han tomado melatonina, pasiflora, valeriana… Y resulta que lo que tienen es una apnea del sueño. Y si no te diagnostican, nunca vas a dormir bien", concluye.

Los camiones de  basura del cerebro
​Mientras nosotros dormimos, nuestro cerebro está trabajando en silencio. "En algunas fases del sueño, sobre todo en la fase N3 o sueño profundo, se activa el sistema glinfático. Es como si pasaran unos camiones de basura por el cerebro para recoger los desechos que se han acumulado durante el día. Este proceso de limpieza, que elimina productos tóxicos, es absolutamente necesario para que no se depositen en el cerebro proteínas anómalas, sobre todo las beta-amiloide, que es uno de los marcadores de la demencia tipo alzhéimer", explica Celia García Malo. Además, la relación entre el sueño y los procesos neurodegenerativos es bidireccional. "Muchas veces, un paciente con alzhéimer debuta con un problema de sueño y, al revés, las personas con alzhéimer a veces desarrollan problemas para dormir. Están muy relacionados", puntualiza la experta.

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