Salud

De la selva amazónica al laboratorio: el potencial de la ayahuasca contra el párkinson

Ensayos clínicos recientes han explorado su uso en depresión mayor, donde actúa estimulando la neuroplasticidad: favorece el crecimiento de nuevas conexiones sinápticas que ayudan al cerebro a romper los patrones del pensamiento depresivo

Buscan descifrar el enigma de la ayahuasca y su poder contra la depresión
AmpliarAmpliar
La DMT es famosa por las visiones intensas que produce. Pero la ciencia lleva años descubriendo que esta molécula tiene otra cara, más discreta y, quizás, más relevante desde el punto de vista terapéutico
Buscan descifrar el enigma de la ayahuasca y su poder contra la depresión

CerrarCerrar

The Conversation

Publicado el 01/06/2026 a las 09:01

José A. Morales García, Universidad Complutense de Madrid

En los últimos tiempos, estamos asistiendo a una auténtica revolución en psiquiatría gracias al uso terapéutico y controlado de sustancias psicodélicas. Suiza fue el pionero: desde 2014 permite autorizaciones individuales para administrar bajo supervisión psiquiátrica psilocibina (sustancia psicodélica extraída de hongos), MDMA (éxtasis) y LSD (sintetizada a partir del ácido lisérgico, compuesto que se extrae del hongo que crece en el cornezuelo del centeno).

Casi una década más tarde, Australia dio el primer paso regulatorio formal: desde julio de 2023, psiquiatras autorizados pueden prescribir MDMA para el estrés postraumático y psilocibina para la depresión resistente. Y en 2025, Alemania se convirtió en el primer país de la UE en aprobar el uso compasivo de la psilocibina para depresión resistente en dos centros piloto.

UN COMPUESTO DE USO ANCESTRAL

En este marco de la investigación terapéutica con psicodélicos se encuentra la N,N-dimetiltriptamina (o DMT), el compuesto psicoactivo principal de la ayahuasca, un té utilizado desde hace siglos por comunidades indígenas amazónicas con fines rituales y curativos.

La DMT es famosa por las visiones intensas que produce. Pero la ciencia lleva años descubriendo que esta molécula tiene otra cara, más discreta y, quizás, más relevante desde el punto de vista terapéutico. Ensayos clínicos recientes han explorado su uso en depresión mayor, donde actúa estimulando la neuroplasticidad: favorece el crecimiento de nuevas conexiones sinápticas que ayudan al cerebro a romper los patrones del pensamiento depresivo. También se investiga su papel en la recuperación tras un ictus, ya que protege a las neuronas del estrés celular y promueve la reparación del tejido dañado.

Tras haber demostrado, en modelos experimentales, que la DMT es capaz de estimular la neurogénesis (formación de nuevas neuronas), un nuevo estudio de nuestro equipo publicado en Experimental Neurology sugiere que podría tener un papel relevante en otra enfermedad hasta ahora sin cura: el párkinson.

APAGAR EL INCENDIO CEREBRAL

El párkinson se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, una región del cerebro implicada en el control del movimiento. Existen, además, otros síntomas no motores, menos conocidos pero igual de limitantes para los pacientes.

Junto a esa degeneración neuronal aparece un proceso silencioso que la acelera: la neuroinflamación crónica. La glía (conjunto de células encargadas de dar soporte, mantener y proteger al sistema nervioso) se vuelve hiperactiva y libera compuestos tóxicos que aumentan la muerte neuronal. A día de hoy, ningún fármaco logra detener ese proceso; solo se pueden aliviar los síntomas.

En nuestro estudio, al exponer las neuronas a las toxinas que replican los mecanismos de la enfermedad, se observó una pérdida celular masiva. Sin embargo, al tratarlas con DMT, la toxicidad se redujo significativamente y se logró preservar cerca del 40 % de las células que, de otro modo, habrían muerto. El compuesto también mostró un efecto regulador sobre la hiperactividad de la glía, reduciendo por tanto la producción de agentes inflamatorios.

LA CERRADURA CLAVE: EL RECEPTOR SIGMA-1

Para activar los efectos psicodélicos en nuestro cerebro, la DMT funciona como una llave perfecta que encaja en una cerradura concreta de las neuronas: el receptor de serotonina 5-HT2A. Sin embargo, los investigadores sospechábamos que el efecto protector podría estar mediado por su unión a otro receptor distinto: el sigma-1. Para comprobarlo, bloqueamos ambos receptores por separado. Cuando inhabilitamos el 5-HT2A –responsable de las alucinaciones–, la DMT siguió protegiendo a las neuronas con la misma eficacia. En cambio, cuando bloqueamos el receptor sigma-1, el efecto terapéutico desapareció por completo.

Así, demostramos que el receptor sigma-1 tiene capacidad neuroprotectora, promueve la supervivencia celular y disminuye la inflamación. Este hallazgo tiene una implicación práctica enorme: es posible obtener el beneficio neuroprotector de la DMT de forma independiente a sus efectos psicodélicos.

Los resultados más alentadores llegaron con los modelos in vivo. Tras tres semanas de tratamiento con dosis moderadas de DMT, los ratones con párkinson mostraron una notable preservación de las neuronas dopaminérgicas y una reducción clara de la inflamación cerebral. Esa protección celular se tradujo en mejoras observables: mayor capacidad motora y mejor rendimiento en pruebas de memoria espacial y aprendizaje respecto al grupo no tratado.

¿Y LAS ALUCINACIONES?

Es la pregunta inevitable. Puesto que los efectos neuroprotectores de la DMT son independientes del receptor alucinógeno, nuestro trabajo plantea tres alternativas. La primera es combinar la DMT con fármacos que bloqueen el receptor alucinógeno, 5-HT2A (uno de ellos, la pimavanserina, ya se receta para la psicosis en pacientes con párkinson). La segunda opción, dadas las bajas concentraciones de DMT utilizadas en el estudio, sería emplear microdosis que activen los mecanismos protectores sin llegar a alterar la percepción. La tercera, y quizás la más prometedora a largo plazo, pasa por diseñar moléculas similares a la DMT que encajen en el receptor sigma-1 pero ignoren por completo el 5-HT2A.

CAUTELA ANTE EL ENTUSIASMO

A pesar de las buenas noticias, conviene no correr demasiado. Hablamos de un estudio preclínico hecho en células y ratones. El salto hasta poder adquirir el tratamiento en una farmacia es largo, costoso y está lleno de fracasos; muchas moléculas que rozan la perfección en el laboratorio fallan al probarse en humanos. Somos conscientes de que este modelo experimental representa una fase muy concreta y localizada de la neurodegeneración. Aunque aporta datos valiosos, la naturaleza humana del párkinson destaca por una progresión temporal más lenta y compleja que la que la investigación básica realiza al ir replicando las características de la enfermedad por etapas.

Lo que sí queda claro es que el receptor sigma-1 emerge como una diana terapéutica prometedora, y que la DMT, o moléculas inspiradas en ella, merece una investigación más profunda.

A veces, las respuestas aparecen donde menos se esperan. Que una bebida ritual amazónica guarde una molécula con potencial terapéutico para una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo es, como mínimo, una historia que merece seguir escribiéndose.

José A. Morales García, Investigador Científico en enfermedades neurodegenerativas y Profesor Titular de la Facultad de Medicina, Universidad Complutense de Madrid

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Etiquetas:

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora