Salud
El hábito de los monjes medievales que hoy recomiendan expertos en sueño
La rutina milenaria de los monasterios vuelve a ofrecer una lección inesperada: dormir bien no siempre significa dormir de un tirón


Publicado el 27/05/2026 a las 05:00
Durante siglos, los monjes medievales llevaron una vida marcada por el silencio, la disciplina y unos horarios que hoy podrían parecer extremos. Sin embargo, uno de sus hábitos más característicos está despertando un creciente interés entre los expertos en sueño del siglo XXI: el llamado "sueño bifásico" o dormir en dos etapas.
Lejos de las ocho horas seguidas que promueve la cultura moderna, los monjes de la Edad Media estructuraban su descanso en dos periodos. Se acostaban poco después del anochecer, dormían unas horas, se despertaban en mitad de la noche para rezar, meditar o leer, y más tarde regresaban a la cama hasta el amanecer. Este patrón, también reflejado en textos históricos y diarios de la época, no era una excepción monástica, sino una práctica bastante extendida antes de la Revolución Industrial.
Hoy, varios especialistas en cronobiología y medicina del sueño están revisando este modelo con renovado interés. Según explican, el sueño bifásico podría tener beneficios en determinados contextos, especialmente en personas que se despiertan de forma natural durante la noche y sufren ansiedad por no poder volver a dormir inmediatamente.
“Es importante entender que despertarse brevemente en mitad de la noche no es necesariamente un trastorno”, señalan expertos en sueño. “En algunas etapas históricas, era un patrón normalizado y socialmente aceptado”.
La vida monástica obligaba a vigilar las horas nocturnas. El rezo de maitines -una de las principales oraciones del día- se realizaba en plena madrugada, lo que interrumpía deliberadamente el descanso. Tras esta pausa espiritual, los monjes regresaban a sus celdas o dormitorios comunes para completar el segundo tramo de sueño antes de iniciar la jornada.
Más allá de la religión, los especialistas apuntan a una posible explicación biológica. Antes de la generalización de la luz artificial, la oscuridad prolongada favorecía una secreción de melatonina más sostenida, lo que podría inducir naturalmente a este patrón de sueño segmentado. El cuerpo humano, sugieren algunos estudios, podría estar preparado para una mayor flexibilidad en los ciclos de descanso de lo que dicta el modelo actual.
Sin embargo, los expertos advierten: no se trata de adoptar sin más las costumbres medievales. El estilo de vida contemporáneo -marcado por horarios laborales fijos, pantallas y estrés- dificulta reproducir ese esquema de forma saludable. La clave no es dividir el sueño por sistema, sino entender que la rigidez no siempre es necesaria.
“Si alguien se despierta a las tres de la mañana y entra en pánico porque cree que está durmiendo mal, eso puede ser más perjudicial que el propio despertar”, señalan. En este sentido, aceptar pequeños periodos de vigilia como algo natural podría reducir el insomnio asociado a la ansiedad.
Algunos profesionales recomiendan aprovechar esos despertares breves para realizar actividades relajantes -como la lectura tranquila o la meditación- evitando la exposición a pantallas o luces intensas. Un enfoque que, curiosamente, recuerda bastante a las prácticas de aquellos monjes que, en la penumbra de sus monasterios, convertían la noche en un espacio de recogimiento.
Así, en plena era de la hiperconexión y el estrés crónico, la rutina milenaria de los monasterios vuelve a ofrecer una lección inesperada: dormir bien no siempre significa dormir de un tirón, sino respetar los ritmos del cuerpo, aunque eso implique mirar al pasado para entender mejor nuestras noches.