Vida sana

¿Por qué es tan placentero un plato de huevos fritos con patatas?

Cuando comemos alimentos ricos en grasa y sal, como las patatas fritas o los huevos fritos, se activan los circuitos cerebrales asociados al placer

Plato de huevos fritos con patatas
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Plato de huevos fritos con patatasFREEPIK
Plato de huevos fritos con patatas

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Diario de Navarra

Publicado el 15/01/2026 a las 08:24

Un plato de huevos fritos con patatas puede provocar una sensación de placer casi inmediata. No es solo una cuestión cultural o de recuerdos de la infancia: detrás de este clásico de la gastronomía hay una explicación científica relacionada con el cerebro y su sistema de recompensa. Así lo explica Boticaria García, farmacéutica y divulgadora científica. 

EL PLACER ESTÁ EN EL CEREBRO (Y EN LA DOPAMINA)

Cuando comemos alimentos ricos en grasa y sal, como las patatas fritas o los huevos fritos, se activan los circuitos cerebrales asociados al placer. Pero no todo placer es igual. Según detalla Boticaria García, algunos platos muy habituales -como las patatas fritas con salchichas- se consideran auténticos “platos dopamina”, aunque no de la más saludable. 

POR QUÉ SON “PLATOS DOPAMINA”… PERO NO DE LA BUENA

Este tipo de comidas generan placer rápido, pero con efectos limitados en el bienestar a largo plazo. En concreto:

No aumentan la dopamina basal, la relacionada con la motivación, la estabilidad emocional y el bienestar sostenido.

Provocan picos breves de dopamina, seguidos en ocasiones de un bajón que incrementa las ganas de repetir.

Entrenan al cerebro para asociar ese alimento con placer inmediato, lo que puede favorecer un consumo impulsivo. 

ALIMENTOS HIPERPALATABLES: PLACER RÁPIDO, POCA SACIEDAD

Por este motivo se habla de alimentos hiperpalatables. No son adictivos en un sentido clínico, pero sí pueden secuestrar el sistema de recompensa del cerebro, empujándonos a comer más sin que exista una verdadera necesidad fisiológica.

En el caso de los huevos fritos con patatas, la combinación de grasa, sal y textura crujiente actúa como un potente estímulo cerebral. El problema surge cuando estos platos pasan de ser algo ocasional a una elección frecuente.

¿SE PUEDE SALIR DEL HAMBRE EMOCIONAL Y AMBIENTAL?

La buena noticia, según Boticaria García, es que sí se puede salir tanto del hambre emocional como del hambre ambiental (comer por costumbre, estímulos externos o disponibilidad).

Una herramienta útil para lograrlo es el Plato de Harvard, un método visual que ayuda a estructurar las comidas de forma equilibrada, priorizando verduras, proteínas de calidad y carbohidratos saludables, sin demonizar ningún alimento. 

DISFRUTAR SÍ, PERO CON CONCIENCIA

Comer huevos fritos con patatas de vez en cuando no es el problema. La clave está en entender cómo funcionan estos alimentos en nuestro cerebro, para no depender del placer inmediato y construir una relación más sana con la comida.

Porque comer debe ser placentero, pero también una fuente de salud y bienestar a largo plazo.

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