Maneras de vivir

Cinco cosas que debes saber antes de tomar triptófano

Su consumo para combatir el decaimiento ha crecido

Pastillas de triptófano
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Pastillas de triptófanoStock.adobe.com
Pastillas de triptófano

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Julia Fernández

Publicado el 25/10/2025 a las 05:00

No es nuevo hablar de suplementos. Cada vez más gente los consume. Hay de todo tipo, desde los vitamínicos hasta los que nos ayudan con esas moléculas que necesitamos pero nuestro cuerpo no fabrica. Una de ellas es el triptófano, que lleva 22 meses de éxito rotundo. Lo dicen los datos: su consumo en Estados Unidos ha sido de más de 60.000 toneladas en 2024. Y el valor de su mercado no atisba techo: en ocho años va a pasar de 2,23 mil millones a 13,36, según la consultora Global Growth Insights. A Europa todo esto está llegando con unos meses de retraso, pero la previsión es similar.

Y estos días nos bombardean con él porque es su época dorada. En otoño los quehaceres diarios nos comen y el tiempo nos deprime. Vamos con la tristeza y el decaimiento pegado a las suelas de los zapatos. Y precisamente este aminoácido esencial se encarga de combatirlos. O de ayudarnos a ello. Pero antes conviene saber algunas cositas para cerciorarnos de que es nuestro aliado...

NO VALE PARA TODOS LOS BAJONES

Lo primero que hay que tener claro es si necesitas triptófano. “Es necesario para que podamos sintetizar serotonina, que es el neuroquímico más implicado en nuestra estabilidad emocional”, señala Ana Asensio, psicóloga y doctora en Neurociencia. Sin embargo, no es la panacea: “Hay veces que necesitamos una ayuda extra, sobre todo en situaciones de mayor estrés o épocas con menos luz solar que nos bajan los niveles de vitamina D, pero no podemos reducir toda nuestra salud mental a él”. Es decir, hay que identificar qué tipo de bajón tenemos: estacional, crónico, agudo, provocado por algún acontecimiento traumático... Y en función de eso, actuar. Otra cosa: “Existen acciones para incrementar la serotonina como cultivar el disfrute y hacer actividades que nos llenen”, señala Asensio. Podemos ponerlas en práctica primero a ver qué tal.

PRUEBA CON LA COMIDA PRIMERO

El triptófano no lo produce nuestro cuerpo, lo obtenemos de la dieta. Si notamos cierto bajón, antes de comprar un bote, podemos suplementarnos con la comida eligiendo para los menús pollo, pavo, lácteos, huevos, soja, espinacas, plátanos y nueces. Para mejorar su absorción “incluye pescado azul, preferentemente de pequeño tamaño, como sardinas, anchoas y boquerones. Y condimenta las comidas con cúrcuma, jengibre, ajo y canela”, recomienda la nutricionista Laura Caro. Y un consejo más: “Prioriza el consumo de frutas, verduras y fuentes de grasas saludables como el aceite de oliva virgen extra, el aguacate y los frutos secos”. Son pequeños gestos que suman.

BIODISPONIBILIDAD

Tus niveles de triptófano no son un ente virtual. Se pueden leer “en un análisis de sangre”, reconoce Beatriz Carpallo, fisioterapeuta, docente e investigadora en la Universidad San Jorge de Zaragoza. Esta prueba es definitiva para saber si necesitas suplementarte o no. Pero también puedes fiarte de tu nutricionista o de tu farmacéutico si no tienes acceso a ella. No te lo tomes sin consultar con nadie. En todo caso, lo que sí tienes que saber es que no todos los suplementos de triptófano son iguales: los hay mejores y peores, “en función de su biodisponibilidad”. Es decir, de que su formulación permita absorber el triptófano y utilizarlo de manera eficaz o no. Es el concepto por el que un nutricionista te pide que si quieres absorber todo el hierro de unas lentejas las acompañes de algún otro alimento con vitamina C. También hay que tomarlo según las instrucciones, teniendo en cuenta que “puede interaccionar con otros medicamentos como los sedantes o los antidepresivos”, señala María José Alonso, farmacéutica y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

-¿Cuándo es mejor tomarlo?

- Si es para mejorar el ánimo, por la mañana. Si hay ansiedad se puede dividir la dosis y tomarla en tres veces. Si es por el sueño, al menos media hora antes de cenar. Se absorbe mejor con el estómago vacío, pero si no podemos hacerlo así, acompáñalo de carbohidratos. Las proteínas tiene otros aminoácidos que puede competir en la absorción.

SU PRINCIPAL ENEMIGA

Pese a todo ello, hay otro asunto que puede impedirnos hacer una buena síntesis del triptófano... y que no se ve a simple vista pero que es "la pandemia de este siglo", precisa Carpallo. Es “la inflamación de bajo grado”, aquella que nos ataca causándonos daños pero no de forma aguda sino durante mucho tiempo. “Se ve en personas con obesidad, diabetes, con síndrome metabólico, con covid persistente... y también en quienes sufren determinadas enfermedades autoinmunes como el hipotiroidismo”, explica la experta. En estos casos, “estudios recientes han encontrado que tienen alteradas las vías de conversión del triptófano”, lo que hace que sinteticen menos e, incluso, pase de tener beneficios a lo contrario.

- ¿Y cómo se sabe que hay inflamación de bajo grado?

- Mirando si los niveles de citoquinas inflamatorias están más elevados de lo habitual y de lo adecuado.

NO TE VAS A LIBRAR DE MOVERTE

La inflamación de bajo grado no solo tiene un componente genético, de lotería, sino que en ella influye mucho lo que nos rodea. Vivimos en un ambiente proinflamatorio, pero podemos hacer cosas para intentar neutralizarlo. Y sí, una de ellas es movernos, lo que va a favorecer que sinteticemos mejor el triptófano, lo obtengamos de donde lo obtengamos. “No es hacer deporte, hablamos de moverse”, precisa Carpallo. Si no nos gusta el gimnasio, ni correr, ni nadar, podemos hacer “pequeños cambios para beneficiarnos: ir andando al trabajo, subir escaleras, dar paseos... Lo que no tiene sentido es tomar un suplemento y seguir haciendo lo mismo que antes”, concluye.

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