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Salud

Un investigador de la UNAV participa en un estudio que asocia una mayor ingesta de aceite de oliva con un menor riesgo de mortalidad

El profesor Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de la Universidad de Navarra e investigador del CIBEROBN, es uno de los autores del trabajo

Ampliar Los investigadores Marta Guasch-Ferré, Miguel Ángel Martínez-González y Frank Hu.
Los investigadores Marta Guasch-Ferré, Miguel Ángel Martínez-González y Frank HuCedida
  • Diario de Navarra
Actualizado el 10/01/2022 a las 20:06
Investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard, entre los que se encuentra el catedrático de Medicina Preventiva de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra –e investigador del CIBEROBN– Miguel Á. Martínez-González, asocian por primera vez en Estados Unidos una mayor ingesta de aceite de oliva con un menor riesgo de mortalidad total y por causas específicas. 
El estudio, titulado “Consumo de aceite de oliva y riesgo de mortalidad total y por causas específicas en adultos estadounidenses” (Consumption of Olive Oil and Risk of Total and Cause-Specific Mortality Among U.S. Adults) y publicado en la revista Journal of the American College of Cardiology (JACC), también revela que la sustitución de otras grasas por una cantidad equivalente de aceite de oliva reduce la mortalidad prematura.
“La investigación se desarrolló usando datos de los estudios estadounidenses más conocidos y solventes en nutrición, que son la cohorte de las enfermeras, con 60.582 mujeres participantes, y la de los profesionales sanitarios, con 31.801 varones voluntarios. Los trabajos están dirigidos desde la Universidad de Harvard y cuentan con un seguimiento de 28 años, durante los que se verificaron más de 36.000 fallecimientos y se identificó su causa”, afirma el profesor Martínez-González, catedrático visitante en la misma Universidad desde 2016.
Según explica el investigador, “podrían surgir dudas al pensar que el hecho de consumir aceite de oliva fuese solo un marcador global de vida sana. Sin embargo, la abundante información recogida de estos participantes cada dos años, que incluye una extensa valoración nutricional repetida cada 4 años, así como los muchos otros aspectos de la dieta y el estilo de vida estudiados, permiten identificar con validez cuál es el efecto propio a largo plazo del consumo de aceite de oliva, una vez que se equiparan los participantes por edad y por una multitud de otros factores”.
REDUCCIÓN DE MORTALIDAD CARDIOVASCULAR O CÁNCER
El trabajo fue liderado por los investigadores Marta Guasch-Ferré y Frank Hu. También participó la Universidad Rovira i Virgili. Se comparó el consumo de aceite de oliva en distintas categorías y se observó que, a igualdad de las otras características, quienes más aceite de oliva consumían presentaban reducciones relativas del 19% en mortalidad cardiovascular, del 17% en mortalidad por cáncer, del 29% por enfermedad neurodegenerativa y del 18% por mortalidad respiratoria. Martínez-González añade que “además, se observó que la sustitución de 10 gramos al día de otras grasas, como la margarina, la mantequilla, la mayonesa o las grasas lácteas, por aceite de oliva, se asociaba a un riesgo entre un 8 y un 34% menor de mortalidad total y por causas específicas”.
Estos resultados avalan los ya obtenidos para el aceite de oliva y la dieta mediterránea en otras investigaciones pioneras en España, como son el estudio SUN (Seguimiento Universidad de Navarra), con 23.000 participantes y el ensayo PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea), con más de 7.000 participantes y seguimiento solo a 5 años. Aunque estos y otros estudios previos ya permitían recomendar el aceite de oliva y la dieta mediterránea para la prevención cardiovascular, “no pudieron identificar una relación tan directa a largo plazo entre consumo de aceite de oliva y reducción de mortalidad prematura”, asegura el doctor. “Los nuevos resultados estadounidenses resultan decisivos para confirmar los efectos preventivos a más largo plazo sobre la mortalidad prematura. Al ser un trabajo tan robusto ayudan, sin duda, a afianzar los consejos nutricionales que venimos dando”, añade.
“Se trata de una evidencia científica que ya explicábamos con detalles y de modo práctico en libros divulgativos como PREDIMED: Date el gusto de comer sano (EUNSA, 2006), Salud a ciencia cierta (Planeta, 2018) o ¿Qué comes? (Planeta, 2020), a los que sin duda se añadirán estos importantes resultados y los de las tan necesarias futuras investigaciones”, concluye.
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