El monasterio navarro que los jóvenes están sacando a la luz en Mañeru

Sepultados bajo la tierra de Mañeru se esconden los restos de un antiguo complejo medieval que fue monasterio, hospital de peregrinos y convento femenino. Las excavaciones han recuperado parte de sus edificios, pero todavía queda mucho por descubrir

Restos de la bodega del monasterio de Bargota en Mañeru
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Restos de la bodega del monasterio de Bargota en MañeruGARAZI LOYARTE (CONOCER NAVARRA)
Restos de la bodega del monasterio de Bargota en Mañeru

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Saioa Rolán

Publicado el 23/10/2026 a las 05:00

Durante siglos, la tierra ha ocultado una parte importante de la historia de Navarra. En Mañeru, a medio camino entre esta localidad y Puente la Reina, las ruinas del antiguo monasterio de Bargota están recuperando poco a poco su protagonismo gracias a las excavaciones arqueológicas y al trabajo de jóvenes voluntarios durante diversas campañas de verano. La historia de este enclave es uno de los reportajes que recoge el número 84 de la revista Conocer Navarra, firmado por la comunicadora Andrea Incera y con fotografías de Garazi Loyarte.

El yacimiento, conocido como Hospital de San Juan de Jerusalén de Bargota, perteneció a la Orden de San Juan del Hospital y estuvo ligado a la atención de peregrinos en el Camino de Santiago. Los primeros trabajos arqueológicos se desarrollaron en 2016 y 2017, y las campañas se retomaron con mayor intensidad en 2021, con la participación del Instituto Navarro de la Juventud, el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Mañeru.

Monasterio de Bargota: una iglesia, una bodega y edificios todavía enterrados

Vista aérea del Monasterio de Bargota en Mañeru
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Vista aérea del Monasterio de Bargota en MañeruGARAZI LOYARTE (CONOCER NAVARRA)
Vista aérea del Monasterio de Bargota en Mañeru

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Los descubrimientos permiten hacerse una idea de la dimensión que alcanzó el conjunto. Según los estudios arqueológicos, el complejo ocupaba unos 5.400 metros cuadrados, de los que se ha excavado aproximadamente una tercera parte.

Entre los restos recuperados destaca la antigua iglesia, de una sola nave y cabecera semicircular, construida con grandes bloques de arenisca. Algunos conservan las marcas de los canteros que los trabajaron. También han aparecido piedras decoradas con figuras humanas y animales fantásticos que podrían haber formado parte de la portada del templo.

Al norte de la iglesia se han identificado dos grandes estancias rectangulares. Una de ellas fue una bodega, cubierta originalmente por una bóveda de piedra, mientras que la función de la segunda todavía no está clara. Los investigadores plantean que pudo tener un uso asistencial, aunque no lo han confirmado.

El conjunto incluye, además, un tramo de la muralla y otros indicios que apuntan a la existencia de edificios de grandes dimensiones y una posible torre. Los sondeos realizados en la zona noroeste han revelado que todavía quedan estructuras enterradas, algunas bajo más de un metro de tierra y escombros.

De comunidad de religiosos a convento de mujeres

La historia de Bargota es tan singular como sus restos. A finales del siglo XIII, la documentación menciona una comunidad de once freires, religiosos de la Orden de San Juan del Hospital. Sin embargo, en 1307 el enclave pasó a estar vinculado a una comunidad femenina.

Las primeras freiras documentadas aparecen en 1311. Poco después se conoce el nombre de su primera priora, Sancha Sánchez de Abárzuza. Durante el siglo XIV, la comunidad ganó relevancia, acumuló propiedades y mantuvo relaciones con familias destacadas del reino.

Según detalla la revista Conocer Navarra, uno de los episodios más llamativos está relacionado con María Miguel de Esparza, vinculada a la familia de Carlos III el Noble. “La relación entre María y el monarca tuvo además una consecuencia sorprendente. De ella nació Lancelot de Navarra, que con el tiempo tendría una destacada carrera dentro de la Iglesia de Pamplona”, narra el reportaje. Cuando ingresó en Bargota, en 1390, el monarca le concedió una dote de 230 libras, además de regalos y una pensión para su mantenimiento.

La prosperidad no duró para siempre. En el siglo XV, la pérdida de actividad vinculada a la peregrinación y las dificultades económicas debilitaron el enclave. En 1441, a petición de la reina Blanca de Navarra, las monjas y el hospital fueron trasladados al Crucifijo de Puente la Reina.

Un pasado que aún guarda secretos

Tras el abandono, parte de las piedras se reutilizaron en otras construcciones. El lugar también tuvo posibles usos defensivos en épocas posteriores y sus alrededores fueron escenario de enfrentamientos durante la Guerra de la Independencia.

Ahora, las excavaciones permiten reconstruir una historia que va mucho más allá de unas ruinas dispersas. La iglesia, las estancias, la bodega y los restos de la muralla muestran la importancia que alcanzó este complejo medieval.

Como recoge Conocer Navarra en su número 84, el trabajo arqueológico está lejos de haber terminado. Cada campaña aporta nuevas pistas y plantea nuevas preguntas sobre la vida religiosa, económica y cotidiana de quienes habitaron Bargota. Bajo el terreno de Mañeru todavía permanecen páginas de la historia navarra a la espera de salir a la luz.

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