Comercio

José Mari Sada, de Cuadros Martínez-Sada: "Para una abuela, la foto de su nieto vale más que un Goya"

Al frente del establecimiento tudelano desde 2011, se jubilará el próximo 5 de noviembre tras décadas dedicadas a enmarcar obras de arte y recuerdos personales

José Mari Sada, de Cuadros Martínez-Sada
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José Mari Sada, de Cuadros Martínez-SadaBlanca Aldanondo
José Mari Sada, de Cuadros Martínez-Sada

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Javier F. Aguerri

Publicado el 23/10/2026 a las 05:00

En el número 7 de la calle Yanguas y Miranda de Tudela hay un local que lleva cinco décadas llamando la atención de vecinos y visitantes. Se trata de Cuadros Martínez-Sada, un establecimiento que está a punto de cerrar definitivamente sus puertas.

La historia comienza en los años 60. La familia Martínez, dedicada a la carpintería, comenzó a fabricar marcos para el artista local Antonio Loperena, que vivía a escasos metros del antiguo local, en la calle Herrerías. En 1976, el negocio se trasladó a su actual ubicación.

Tras décadas al frente, Pepe Martínez, el anterior propietario, buscaba a alguien que tomara el relevo y se decantó por José Mari Sada. Nacido en Tudela, concretamente en su antigua casa de la calle Peñuelas, Sada ya había colaborado de manera esporádica en la elaboración de marcos.

“No tenía formación específica, pero siempre me había gustado trabajar con este tipo de materiales y herramientas”, recuerda.

Así, el 1 de enero de 2011, Sada se puso al frente del negocio y añadió su apellido al de los fundadores, dando lugar a Cuadros Martínez-Sada.

“El local no llegó a cerrar, ya que me hice cargo de él al día siguiente de que su anterior propietario se marchara”, apunta el empresario. “Yo necesitaba un cambio de aires, y esta idea me hizo mucha ilusión”, añade.

EL OLOR A BARNIZ

Una de sus primeras dudas fue elegir entre renovar el local o mantener la esencia que la familia Martínez había conservado durante tantos años. Al final, la decisión se tomó sola.

“Tenía ideas y cambios en mente, pero estaba centrado en sacar el negocio adelante y, además, a la gente le encanta la estética clásica que ha tenido siempre”, afirma.

Y es que este local tiene un ambiente especial. “Hay visitantes que entran y disfrutan del olor a madera cortada o a barniz”, comenta Sada.

No en vano, el establecimiento ha estado vinculado a artistas que hoy forman parte de la historia de la Ribera. Entre ellos, Antonio Loperena, Vicente Berdusán y Jesús Basiano. También han pasado por allí obras de figuras de talla nacional, como el barcelonés Antoni Tàpies.

“Aunque no me considere un experto en arte, con el paso del tiempo y la experiencia aprendes a valorar qué hace tan especiales a estos pintores: La pincelada, los colores o la textura”, subraya Sada.

No obstante, el empresario tiene claro que “no son estos grandes artistas los que logran que un local así salga adelante”.

“Aunque es un orgullo trabajar con cuadros valiosos, la esencia de este negocio está en las fotografías de comunión de los nietos, las ilustraciones personales o las orlas de los colegios locales. Para una abuela, la foto de su nieto vale más que un Goya”, explica.

EL LADO MÁS PERSONAL DEL ARTE

De hecho, el propietario encuentra algo especial en trabajar con los retratos y las obras personales de sus clientes.

“Es un sentimiento curioso porque, aunque no conozcas de nada a esa persona, la sensación se asemeja a un tú a tú y te hace consciente de la importancia que tiene para su dueño”, apunta Sada.

Además, ha disfrutado mucho de sus años de atención al público. “Se suele decir que el mostrador quema, pero yo he sido muy feliz aquí y me siento muy orgulloso de la clientela que he tenido”, recalca.

No obstante, Sada es consciente de que “el arte, por desgracia, es más accesible para aquellas personas de clase media que no tienen problemas en llegar a fin de mes”, comenta, al tiempo que añade que “entiendo que otras personas estén más preocupadas de llenar su nevera que de decorar sus paredes”.

UNA DESPEDIDA AGRIDULCE

Sin embargo, todo tiene su final. El próximo 5 de noviembre, Sada se jubilará y cerrará definitivamente las puertas del establecimiento. Asegura que “ha venido gente interesada en tomar el testigo, pero da vértigo pensar en estar tras un mostrador esperando a que entren clientes”.

Con cierta nostalgia, Sada adelanta que “seguiré mirando cada vez que pase por esta calle”. “Ojalá alguien se atreva a abrir algo similar, pero, por desgracia, el mercado del arte es cada vez más limitado”, concluye.

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