Los dos refugios costeros de Aarón Ortiz y Jaione Aizpurua: "Poco a poco se han convertido en una tradición, en esos lugares que esperamos con ilusión cuando llega el verano"
Los dueños del restaurante Kabo, que confiesan que su “verdadero refugio” son ellos dos mismos, agradecen “el mar, el sol, los paseos, las comidas largas y, sobre todo, la sensación de no tener prisa” durante sus vacaciones


Publicado el 25/08/2026 a las 05:00
Pamplona, Chipiona (Cádiz) y Castellón. Estos son los puntos que conforman el particular triángulo ibérico de Aarón Ortiz García (Irurtzun, 27 de agosto de 1995) y Jaione Aizpurua Bengoechea (Auza, 7 de enero de 1993). En la capital navarra regentan el restaurante Kabo, ubicado en la avenida de Zaragoza, mientras que las localidades atlántica —que multiplica hasta por diez su población durante la época estival— y mediterránea —uno de los polos turísticos en el este de España— son donde veranean desde hace tres años. "Poco a poco se han convertido en una tradición, en esos lugares que esperamos con ilusión cuando llega el verano", apuntan.
A pesar de situarse a más de 800 kilómetros por carretera, ambos municipios ofrecen propuestas similares. Entre ellas, el chef y la directora de sala y sumiller destacan "el mar, el sol, los paseos, las comidas largas" y, sobre todo, "la sensación de no tener prisa". "Un café puede durar una hora, una comida puede convertirse en una sobremesa interminable y un paseo al atardecer puede ser suficiente para sentir que todo está bien", señalan. Aunque sus vacaciones no son siempre iguales. De hecho, aseguran que en cada estancia encuentran "algo diferente", como "una nueva experiencia, una nueva comida, una nueva puesta de sol o, simplemente, un momento" que se queda grabado en su mente.


Durante el tiempo que Chipiona y Castellón han acogido sus estancias veraniegas, los hosteleros han sentido "libertad, calma y felicidad" y han coleccionado "muchos" recuerdos, aunque afirman que "los mejores no son grandes acontecimientos, sino momentos pequeños compartidos". En este sentido, recurren de nuevo a la comida y a la caída del sol, aunque también rememoran con cariño "una conversación, una noche de verano o una risa inesperada". "Son recuerdos que quizá en el momento parecen normales, pero que con el tiempo adquieren muchísimo valor. Y cada verano —indican— vamos construyendo una pequeña colección de ellos. Creemos que esa es la magia de tener un refugio: saber que cada vez que vuelves, puedes crear un recuerdo nuevo".
Todos esos momentos les permiten "desconectar de verdad y volver con las pilas cargadas". Y es que no importa tanto el dónde, sino el con quién. "Un lugar puede ser maravilloso, pero lo que realmente lo hace especial es con quién lo compartes", reconocen. Por eso, al margen de que en Chipiona y Castellón consiguen "sentirse en casa y recuperar energía", Ortiz y Aizpurua son conscientes de que ambas localidades serían menos importantes para ellos si no las compartiesen juntos. "Nuestro verdadero refugio somos nosotros dos, allá donde estemos", sentencian.