Turismo
La olvidada residencia de la viuda de un zar ruso que puedes visitar a una hora de Pamplona
La princesa Yúrievskaya residió en Villa Sofía, en Anglet, a principios del siglo XX tras el asesinato de su esposo, el zar Alejandro II


Publicado el 24/05/2026 a las 05:00
La costa vascofrancesa, a escasa distancia de Navarra, esconde historias poco conocidas ligadas a la aristocracia europea del siglo XIX. Una de ellas tiene como escenario la Villa Sofia, una singular residencia situada en Anglet, que durante décadas permaneció asociada a una figura clave de la Rusia imperial.
Construida en la segunda mitad del siglo XIX, con referencias que sitúan su edificación en torno a las décadas de 1860 y 1870, esta villa responde al auge de las grandes residencias de veraneo que proliferaron en la zona al calor del éxito de Biarritz como destino de élites europeas.
La historia de la propiedad se entrelaza con la de Catalina Dolgorúkov, conocida también como princesa Yúrievskaya, quien fue amante durante años del zar Alejandro II y, tras la muerte de la zarina, su esposa morganática. Con el asesinato del emperador en 1881, la princesa abandonó Rusia y se instaló en Francia, donde utilizó la Villa Sofia como lugar de estancia.
Durante su residencia en Anglet, Dolgorúkov llevó un estilo de vida acorde a su posición, rodeada de lujo y de un entorno social propio de la aristocracia de la época. La villa se convirtió en uno de los escenarios de esta vida acomodada en el exilio, en una costa que por entonces atraía a nobles, diplomáticos y miembros de la alta sociedad europea.
Más allá de su historia, la Villa Sofia destaca por su arquitectura. El edificio se alza como uno de los ejemplos más llamativos del eclecticismo de finales del siglo XIX, con influencias neomedievales y rococó. Su fachada, ricamente ornamentada, refleja el gusto por lo exuberante característico de esta época.
El conjunto presenta un cuerpo central flanqueado por dos torres -una de ellas almenada- y coronado por una imponente cúpula, dando al edificio un aspecto casi palaciego. Este estilo, cargado y teatral, encajaba con la estética de las residencias aristocráticas que buscaban destacar tanto por su diseño como por su simbolismo.
Hoy, aunque transformada y alejada de su antiguo esplendor, la Villa Sofia sigue formando parte del paisaje urbano de Anglet. Su historia y su arquitectura la convierten en uno de esos rincones poco conocidos que permiten rastrear la huella de la Europa imperial en el entorno cercano a Navarra.