Senderismo
La ruta navarra con vistas al mar que destaca la revista Conocer Navarra
Un recorrido circular de 9 kilómetros entre Bera y Urrugne recupera antiguos caminos de contrabandistas y ofrece panorámicas al Cantábrico, bosques frondosos y vestigios megalíticos en plena frontera


Publicado el 20/02/2026 a las 05:00
Las fronteras no siempre fueron líneas de separación. Durante siglos, en el entorno del Bidasoa, fueron también espacios de encuentro, comercio y comunicación entre pueblos vecinos. Así lo recuerda la revista Conocer Navarra en un reportaje firmado por el fotógrafo y periodista Salvador Arellano que pone el foco en una de las rutas más singulares del norte foral: el itinerario transfronterizo que une Bera y Urrugne (Francia) por el histórico Mandobidean, el Camino de las Mulas.
Se trata de un recorrido circular de unos 9 kilómetros y 420 metros de desnivel, recuperado gracias a la colaboración entre los ayuntamientos de Bera y Urrugne dentro del proyecto Bideak. Una propuesta que combina naturaleza, historia y mar en un mismo paseo, y que permite redescubrir sendas que durante décadas fueron transitadas por contrabandistas, pastores y vecinos de ambos lados de la muga.
La ruta parte desde las inmediaciones del Col des Abeilles, en territorio francés, al que se accede desde Bera por la carretera de Ibardin (NA-1310). Sorprende al visitante un complejo comercial en la cima -especialmente concurrido los fines de semana-, cuyo bullicio hay que dejar atrás y avanzar hacia Urrugne, rodeados por un paisaje mucho más sereno, durante 1,3 kilómetros.
En una curva cerrada y llana, hay espacio para aparcar y comenzar a caminar por la pista que sale a mano derecha. La barrera que cierra el paso a vehículos tiene una señalización que marca la “Piste 2”, y un cartel vertical informa del itinerario y mapa topográfico de Mandobidexka/Sentier de les Mules.
El itinerario comienza entre robles monumentales y suaves praderas donde no es raro ver ganado equino pastando. Apenas iniciado el recorrido, el senderista obtiene su primera recompensa: las vistas al mar Cantábrico emergen en el horizonte, acompañadas por la silueta inconfundible del monte Larrun, con su famoso tren cremallera.


En una explanada natural, abedules de corteza blanca enmarcan la panorámica y una rudimentaria piedra a modo de asiento evoca escenas de pastores y contrabandistas que, en otro tiempo, encontraron refugio en estas lomas.
Bosques, piedra seca y memoria rural


El camino se interna después en el bosque de Aire Leku, alternando hayedos jóvenes, robles —incluido el roble americano— y pequeños acebales. A lo largo del recorrido aparecen restos de bordas construidas en piedra seca, una técnica tradicional que, según se narra en este reportaje del nº70 de Conocer Navarra, prescinde de argamasa y que forma parte del paisaje cultural de estas montañas.
La piedra seca, utilizada históricamente para levantar refugios y delimitar lindes, es uno de los elementos patrimoniales que enriquecen la experiencia. No se trata solo de caminar entre árboles, sino de hacerlo por un territorio modelado durante generaciones por ganaderos y pastores.
El trazado, bien señalizado en la mayor parte del recorrido, combina pistas anchas, senderos pedregosos y tramos de campa que se abren nuevamente hacia el mar, reforzando esa sensación de cercanía con la costa pese a encontrarse en plena montaña. Tras las huellas del contrabando
Estas sendas fueron durante décadas escenario de los llamados “paseos nocturnos” del contrabando. La orografía, más amable que en otros tramos pirenaicos, facilitó el tránsito de mercancías y ganado entre ambos lados de la frontera. La revista recuerda incluso el viejo dicho que señala a Elizondo como “el pueblo de España con más bancos”, en alusión al dinero que movió esta actividad en la zona.
Hoy, lejos de la clandestinidad, estos caminos se ofrecen al visitante como espacios de disfrute pausado, donde la humedad del bosque cubre los troncos de musgo y los pequeños arroyos acompañan el descenso hacia Herburu y el collado de Mokoa.
Dólmenes y vestigios mineros


En el tramo final, tras pasar por el collado de Ibardin, el recorrido vuelve a ganar altura entre helechos hasta alcanzar una loma salpicada de restos megalíticos señalizados. Dólmenes y estructuras prehistóricas recuerdan que la presencia humana en estas montañas se remonta a miles de años atrás.
Antes de cerrar el círculo en el Col des Abeilles, el senderista atraviesa también el llamado Muelle de los Canteros (Quai des Carriers), una plataforma rectilínea utilizada antiguamente para cargar material extraído de las minas de la zona.
La recuperación del Mandobidean forma parte del proyecto transfronterizo Bideak, financiado por el Gobierno de Navarra a través de la Eurorregión. Además de este Camino de las Mulas, la iniciativa ha permitido adecuar otra senda histórica, Intzolako bidea, reforzando así los lazos entre Bera y Urrugne.
El resultado es una ruta apta para senderistas habituales y para quienes buscan una excursión completa pero accesible, con el aliciente añadido de caminar entre dos países sin apenas percibir la frontera. Un plan que combina mar y montaña, memoria y naturaleza, y que Conocer Navarra sitúa entre las propuestas imprescindibles para redescubrir el norte navarro.

