Destino Navarra
Un breve paseo por la regata de Satán
La regata de Satán es una ruta sencilla de apenas una hora de duración, que comienza en Valcarlos y visita varios caseríos y una ermita de la zona


Publicado el 22/08/2021 a las 06:00
La ruta de la regata de Satán adquiere su nombre por el ‘Satan Erreka’ o ‘Río de Satán’. Es un paseo por los alrededores de Valcarlos, un pequeño pueblo en la frontera entre Egoalde e Iparralde. El paseo se sumerge entre los bosques y caseríos de los alrededores.
El primer paso es dirigirse a Valcarlos, si se va desde Pamplona son unos 68 kilómetros. Hay que tomar la carretera N- 135 por Zubiri y Orreaga, descender por el Puerto de Ibañeta hasta el barrio central de Valcarlos.
Una vez allí es aconsejable aparcar junto al frontón que está en la mitad del pueblo. Hay que caminar un poco por la carretera nacional hasta llegar a una cuesta que se dirige a la parte alta del pueblo, la plaza Bixkar. En esta plaza hay un panel informativo (bilingüe: euskera y castellano), con mapa y desnivel, y señalización en el recorrido, horizontal en verde y blanco y postes direccionales.
Enseguida desciende hacia la derecha para sumergirse en el bosque de castaños de gran envergadura, continúa bajando hacia la regata y, tras pasar un puente, se dirige cuesta arriba hacia algunos caseríos, como el caserío Buruxuri, situados junto al barrio de Azoleta.
El camino continúa unas veces por senda, junto a los prados, otras por el bosque y otras por pista asfaltada poco transitada.
Tras vadear al Regata de Satán, aparece un cruce en el que se puede, bien subir por la pista asfaltada durante un tramo, o bien traspasar una pequeña verja y caminar por un prado junto al río. Ambos caminos se juntan más adelante, así que el destino es el mismo.
La ruta es circular y el retorno comienza una vez pasado un puente sobre un riachuelo. Por el camino de regreso los árboles son centenario, de gran altura.
Llegado a un punto se abrirán tres caminos, hay que coger el del medio que lleva hasta un alto, donde se encuentra la pequeña ermita de Santa Magdalena. Esta es una construcción rural reconstruida en 1976 y que cuenta con unas bellas vistas del valle. Desde aquí hay una pista que lleva hasta el pueblo en solo cinco minutos.
Ya en la carretera se puede ascender a lo alto de Ibañeta y contemplar las vistas a los Pirineos.
Si se realiza la ruta en invierno, pueden disfrutarse diferentes cencelladas a lo largo del recorrido (Valcarlos e Ibañeta), este es un efecto que se produce cuando hay niebla y la temperatura es inferior a los dos grados bajo cero. Las partículas heladas se adhieren a la vegetación, como si estuviera todo inmerso en un congelador gigante.