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¿Sabes que usar el GPS está mermando tu memoria?

La tecnología tiene ventajas pero atrofia nuestros sentidos

La digitalización, como casi todos los cambios, tiene efectos negativos y positivos
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La digitalización, como casi todos los cambios, tiene efectos negativos y positivos
La digitalización, como casi todos los cambios, tiene efectos negativos y positivos

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Jesús J. Hernández

Publicado el 28/12/2025 a las 05:00

Esto va mucho más allá de esa sensación que tenemos de estar abotargados tras unas horas de pantallas y más pantallas. Nuestros sentidos están cambiando, se están adaptando al mundo digital. Ganamos capacidad para gestionar dispositivos y perdemos la destreza de orientarnos sin ellos. Todos esos efectos se están viendo ya en el cerebro y, en el caso de los nativos digitales, no tendrán vuelta atrás.

Un ejemplo llamativo. "Para orientarnos en el espacio utilizamos la visión y la audición. Antes mirábamos con detalle mapas y callejeros. Eso se ha perdido con el uso del GPS y va en detrimento de una estructura que se llama formación hipocampal", explica la neurocientífica de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Emilia Redolar. En los años 80 se estudió el efecto en los taxistas londinenses y se demostró que "si se usa mucho, el hipocampo aumenta". Hoy, el nuestro ya es más pequeño que antes. "Nuestro hipocampo se está reduciendo y eso va en detrimento de otras facetas de las que se encarga, como la consolidación de la memoria -el paso del corto a largo plazo- y la regulación de las emociones". Un estudio científico publicado en ‘Nature’ concreta esa disminución de la memoria espacial.

La digitalización, como casi todos los cambios, tiene efectos negativos y positivos. "La exposición continua a estímulos breves y variables -las redes de vídeos cortos y los feeds- entrena mal la red frontoparietal de la atención, por lo que cuesta mantenerla y extraer la información valiosa. Pero también hay un acceso masivo a contenidos que puede potenciar la selección crítica y el aprendizaje siempre y cuando existan bases de conocimiento previas", analiza la profesora de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.

"La corteza parietal posterior integra diferentes modalidades sensoriales y toda esa información la relaciona y la conecta con la corteza prefrontal, con quien forma un tándem. Eso nos ayuda a focalizar la atención, saber qué es lo importante", desgrana Redolar. La sucesión de imágenes en las redes sociales, a ráfagas y que cambian muy rápido, no ayuda al correcto funcionamiento de esta parte del cerebro y "afecta a nuestra capacidad para mantener la atención", recalca.

ÍNDICE Y PULGAR

La sobrecarga de estímulos sonoros -notificaciones, mensajes o vídeos- obliga al cerebro a filtrar lo relevante constantemente. "La exposición a pantallas, especialmente a la noche, afecta al ojo como órgano y transforma incluso la forma en que procesa la visión", apunta Redolar. La contaminación lumínica y acústica de las grandes ciudades afecta a la forma de procesar que tiene la corteza, acostumbrada ya a esos fogonazos de luces de neón, publicidades en grandes pantallas y ruido incesante. "Incluso el gusto y el olfato, a los que solemos dar menos importancia, se están viendo afectados por la contaminación atmosférica".

En resumen: nuestros sentidos están en horas bajas. ¿Es pasajero? ¿Nos ponemos en esa lista de propósitos del nuevo año reducir las pantallas para solucionarlo? Pues no. Al final, esto va de la evolución, del mismo mecanismo fantástico que hizo que el Homo erectus comenzara a caminar, de adaptación. "En la mayor parte de la población, la plasticidad del cerebro juega a favor; pero los nativos digitales tienen ya una estructura diferente. En ellos la representación de los dedos índice y pulgar ocupan ya más espacio en la corteza motora por el uso de móviles y ‘tablets’", señala la experta. La mancha de las redes neuronales que tienen que ver con esos dedos ha crecido para mejorar su precisión y adaptarse a una vida digital y sedentaria con la misma naturalidad que fuimos perdiendo la capacidad de trepar a los árboles para evitar peligros.

Quienes nacimos en tiempos sin wifi tenemos la capacidad de revertir, reactivar en parte, algunas de esas capacidades, como tiramos de los mapas de la guantera ante un apagón de cobertura. Pero quienes nacieron creyendo que es la única forma de hacerlo, no encontrarán esos planos en el coche ni esas destrezas en su hipocampo. Conviene recordar siempre que tenemos las aptitudes que utilizamos, las que nos son útiles. El hipocampo, que es muy plástico, ‘pedirá’ más o menos neuronas dependiendo de lo que necesite. En el fondo, esto se asemeja a algo tan simple como los músculos: crecen cuando hacemos ejercicio de forma habitual.

LEER EN PAPEL

Y ¿qué podemos hacer? "Estamos en una sociedad digital y no podemos dar la espalda a eso pero podemos hacer cosas. Es fundamental leer en papel porque revierte estos efectos. Es el primer consejo. Evitar el uso de pantallas antes de ir a dormir sería el segundo. Hay efectos, además de los que tienen que ver con los ciclos del sueño, en la propia cognición", detalla la profesora de la UOC. Sería tan sencillo como aparcar los libros digitales a partir de cierta hora. Por supuesto, buscar información en internet a esas horas tampoco es buena idea. "El ejercicio físico, por sorprendente que parezca, aumenta la neurogénesis hipocampal -la creación de neuronas en el hipocampo- con lo que ayuda mucho", subraya la experta.

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