Tecnología
Adicción a los videojuegos


Actualizado el 16/02/2017 a las 17:27
Después de casi un año hablando de las bondades y las maravillosas complejidades del ocio interactivo, creo que es momento de abordar el lado menos amable del medio.
Lo primero que hay que señalar es que los videojuegos no son adictivos en el sentido tradicional de la palabra. La adicción suele hacer referencia a cambios químicos en el cerebro que producen una dependencia fisiológica, por lo que las sustancias que lo provocan son consideradas nocivas. Y los videojuegos, en sí mismos, no son nocivos, pero es innegable que pueden llegar a serlo. Aunque el titular puede generar alarma, y durante años muchos medios de comunicación lo han utilizado de manera sensacionalista en su eterna campaña de demonización, la realidad es que no existe una epidemia de muertes provocada por los videojuegos. De vez en cuando saltan casos extremos, normalmente de Corea o Japón, de personas que han muerto después de estar tres días seguidos delante de una pantalla. Pero son precisamente extremos porque son excepcionales. No se puede comparar con el número de muertes que provoca cada año el alcohol, las drogas o incluso los deportes de aventura. Por regla general, los videojuegos no matan.
Dejando eso claro podemos pasar a analizar las cuestiones de por qué el imaginario colectivo guarda una asociación tan clara entre videojuegos y adicciones o conductas nocivas. Hay que tener en cuenta que no hay un número de horas que se puedan considerar saludables, y que la cantidad de tiempo que alguien decide pasar delante de una pantalla no debe instalarse como regla. Algo que sorprende a muchos cuando conocen a lo que me dedico es el relativo poco tiempo que invierto en jugar, menos de la mitad que el consumo medio nacional de televisión. Pero son cifras que cambian constantemente. En verano apenas hay lanzamientos y con mi afición a viajar puedo llegar a estar meses sin tocar una consola, mientras que en esta época, donde se amontonan los títulos y las fechas de entrega se acercan a toda velocidad, cuando el mal tiempo predomina, suelo aprovechar para abarcar el mercado al máximo.
Los videojuegos son profundamente estacionales, y la conexión que tenemos con ellos, también. Hay temporadas en las que podemos llegar a pensar que personas que tenemos cerca están dedicándoles demasiado tiempo, pero mientras aquello se limite al lanzamiento de un juego en concreto, largo, profundo y maravilloso como The Witcher 3 o Bloodborne, no hay nada que temer. El juego por mucho contenido que tenga, termina. Pero más allá de eso, está comprobado que mucha gente se refugia en los mundos virtuales durante períodos convulsos en sus vidas. Y no pasa nada por permitirlo. Los juegos son increíbles a la hora de establecer metas, aportar significado y sentido a nuestras acciones, dispensar recompensas y evidenciar nuestros progresos. La vida no siempre es justa, pero los buenos videojuegos sí lo son. Gran parte del éxito de juegos con tanta fama de complicados como Dark Souls es precisamente el pacto tácito entre desarrolladores y jugadores. Los desafíos pueden parecer inconmensurables, totalmente desesperanzadores. Pero la obra de From Software pone todas las herramientas a tu alcance, prometiendo que tu tenacidad y perseverancia siempre tendrán premio al final. En nuestra sociedad actual, cuando incluso encontrar una dirección estable en nuestras vidas a veces resulta tan complicado, no hay mayor poder que este. En ese sentido, los videojuegos pueden darnos ese tiempo muerto, ese refugio donde cargar de nuevo las baterías y sanar nuestras heridas. El problema surge cuando esa evasión pasa a ser permanente.