Hidrógeno en motores de combustión: ¿una alternativa real al coche de baterías?

Es técnicamente posible sustituir la gasolina y el diésel por hidrógeno para eliminar la emisión de gases de efecto invernadero

Los motores de combustión tradicionales pueden quemar hidrógeno con algunas modificaciones técnica
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Los motores de combustión tradicionales pueden quemar hidrógeno con algunas modificaciones técnicaImagen generada con IA
Los motores de combustión tradicionales pueden quemar hidrógeno con algunas modificaciones técnica

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Carlos Lipúzcoa

Publicado el 19/04/2026 a las 05:00

El hidrógeno verde promete ser la panacea para la movilidad sostenible. Una de sus grandes ventajas radica es que se puede quemar directamente en los motores de combustión. No habría que esperar a esa hipotética industrialización de la pila de combustible, una tecnología que multiplica la eficiencia, sino que una adaptación técnica de los actuales motores serviría para cambiar los derivados del petróleo por el hidrógeno producido mediante energías verdes.

Efectivamente, el hidrógeno se puede utilizar igual que como se viene haciendo con la gasolina y el diésel. El tradicional motor de pistones es compatible haciéndole algunos cambios menores. Por ejemplo, el hidrógeno requiere una mayor relación de compresión y exige mejores sistemas de refrigeración por la alta temperatura que alcanza la cámara de combustión.

Cambiar petróleo por hidrógeno permitiría eliminar de un plumazo el principal problema de los motores de explosión, ya que el residuo que escupiría el tubo de escape sería en su mayor parte vapor de agua. Ni rastro de gases de efecto invernadero. A ello se añadiría que el repostaje vendría a ser similar a la gasolina o el diésel. Bastaría parar en una 'hidrogenera', enchufar la manguera y llenar el depósito en un periquete.

En apariencia, todo es perfecto. O casi. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Uno de los inconvenientes es el coste del hidrógeno verde derivado de la electrólisis a partir energía renovable. Son costes que habría que sumar a una red de transporte y distribución que exigiría inversiones astronómicas que habría que amortizar en cada litro vendido. Sin embargo, el principal 'pero' es su baja densidad energética por volumen ocupado.

Para lograr una autonomía de más de 300 kilómetros, haría falta un depósito de 190 litros de volumen que fuera capaz de mantener una presión de 700 bares. Dejando al margen la dificultad para producir en masa este tipo de depósitos de forma económica, su instalación en un turismo robaría mucho espacio interior.

El problema del volumen y la presión se traslada también a las hidrogeneras. Quien llegara primero a una hidrogenera, podría respostar como un coche tradicional, pero el siguiente conductor se vería obligado a esperar tranquilamente de diez a quince minutos. Ese tiempo sería necesario para recomprimir el gas antes de permitir un nuevo repostaje.

Existen otros inconvenientes menores, como la emisión de óxidos de nitrógeno y partículas. Estos podrían subsanarse como se hace con los actuales motores de combustión mediante recirculación de gases y catalizadores de urea. En definitiva, el hidrógeno como combustible alternativo a los hidrocarburos derivados del petróleo no parece una respuesta viable con la actual tecnología.

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