Seguridad vial
Rotondeando (I): está saliendo mal de la glorieta y lo sabe (o debería)
Quienes atraviesan los carriles como si no existieran son infractores habituales y, en caso de golpe, tendrán que pagar la dolorosa


Publicado el 05/04/2026 a las 05:00
La rotonda o glorieta ya forma parte natural del paisaje urbano y, cada vez más, de las carreteras. Se trata de una solución simple, eficaz y barata para autorregular el tráfico en los cruces, amén de contribuir a la seguridad vial al obligar a reducir la velocidad para abordarlas.
Los planificadores del tráfico rodado llevan varias décadas enamorados de su perfección circular y, en consecuencia, no han dejado de insertarlas allí donde dos o más vías confluyen. Hay que reconocerles su creatividad plasmada en todo tipo de tamaños y formatos decorativos. Sin embargo, esta proliferación no se ha acompañado de las debidas campañas de información y difusión para utilizarlas adecuadamente.
Mucha, muchísima gente atraviesa las rotandas sin mayor conocimiento que respetar la preferencia de paso de quienes ya circulan por su interior. El error más común y habitual, mala costumbre que frecuentemente se observa incluso en los coches patrulla de las distintas fuerzas policiales, es salir desde un carril interior atravesando el exterior como si tal cosa.
La lógica de los conductores es aplastante, pero no por ello acertada. Si uno circula por una avenida en el carril más cercano a la mediana y se encuentra una rotonda, se mete al interior y luego sale recto hacia el carril de la mediana de nuevo. Craso error. Los carriles de las rotondas funcionan exactamente igual que los de las rectas.
Si resulta incorrecto tomar desde la mediana una salida por la derecha girando directamente y cortando los carriles contiguos en una vía con varios de ellos, ignorando además a quienes circulan por ellos, lo mismo sucede con las rotondas. Los carriles de las rotondas son concéntricos y no pueden atravesarse como si no existieran. Un vehículo que ocupa un carril exterior no está obligado a tomar un carril concreto de una salida e incluso puede seguir circulando por este para completar una vuelta completa.
En caso de producirse un golpe, sepa que la culpa será siempre de quien atraviesa los carriles ignorando su existencia. Y le tocará pagar la dolorosa. La única forma correcta de salir de una rotonda es exclusivamente desde el carril exterior e indicando la maniobra con el intermitente derecho.
Con mucho acierto, quienes lean estas líneas plantearán que este uso reglamentario de las rotondas provocaría inevitablemente un colapso circulatorio en horas punta, ya que se convertirían en auténticos embudos. No les falta razón y aquí habría que señalar a quienes, desde los ayuntamientos y consejerías, han dispuesto su implantación indiscriminada.
El realismo impone, por desgracia, que se tenga que tolerar un uso inadecuado de las mismas. Ahí van tres consejos para lidiar con estas situaciones en el día a día:
1. Si pretende seguir saliendo desde el interior de las rotondas, sepa que no tiene preferencia y tendrá la culpa en caso de accidente. Absténgase de tocar la bocina o dar luces si se encuentra un coche que se le pone por medio, el infractor es usted. Ejecute la salida con toda prudencia y asegúrese que los coches que circulen en paralelo con usted por su derecha también están saliendo y queda algún carril libre en el que introducirse.
2. Si circula por el carril exterior y no va tomar ninguna salida o necesita tomar un carril de la salida que no sea el primero, manténgase ojo avizor ante quienes no respetan la preferencia, que serán muchos, para frenar a tiempo. En caso de accidente, tendrá razón usted, pero nadie le librará del disgusto.
3. Cuando no haya circulación intensa, siempre, siempre, siempre, utilice el carril exterior para salir y evite la tentación de atravesar los carriles de la rotonda cortándolos. Así se acostumbrará a hacerlo correctamente y automatizará un hábito de buen conductor.