Coches chinos: baratos, bien equipados y hechos al gusto asiático

Los fabricantes del gigante asiático van dando pasos para ganarse al comprador europeo con una decidida apuesta comercial

De izquerda a derecha y de arriba abajo, el BYD Seal U, el MG ZS, el Omoda 5 y el Jaecoo 7, cuatro superventas chinos
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De izquerda a derecha y de arriba abajo, el BYD Seal U, el MG ZS, el Omoda 5 y el Jaecoo 7, cuatro superventas chinos
De izquerda a derecha y de arriba abajo, el BYD Seal U, el MG ZS, el Omoda 5 y el Jaecoo 7, cuatro superventas chinos

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Carlos Lipúzcoa

Publicado el 14/09/2025 a las 05:00

Que el modelo más vendido el año pasado en Navarra fuese el Dacia Sandero, coche low cost rumano con tecnología francesa, es claro indicador de que hay un bueno número de automovilistas que priorizan el bolsillo sobre cualquier capricho técnico o tecnológico a la hora de adquirir un vehículo nuevo. Precisamente a ese tipo de comprador están dirigidos los coches chinos, que exhiben muy buenos argumentos, con algún que otro pero, para seducir al comprador.

Las marcas del gigante asiático empezaron a desembarcar en la Comunidad foral hace cuatro años y ya están logrando cifras de ventas muy respetables. Las matriculaciones de enseñas como BYD, Omoda, Ebro, Jaecoo o Leapmotor crecen mes a mes con fuerza gracias a la ofensiva comercial puesta en marcha sin ningún tipo de complejo.

Son muchas las cualidades con las que pueden presumir los vehículos chinos, aunque la más llamativa es el precio sin duda. Tras la espectacular escalada del coste de compra de los turismos fabricados en Europa en los últimos años, con incrementos generales que rondan el 50%, los vehículos chinos están disponibles con tarifas realmente ajustadas.

Comparados con sus rivales tradicionales, no es difícil encontrar modelos equivalentes en tamaño por un buen puñado de miles de euros menos. Y no solo son sensiblemente más baratos, sino también mucho mejor equipados. Elementos que son opcionales en las marcas tradicionales y que añadirlos pueden salir por un buen pico, en los coches chinos vienen de serie.

Súmesele a ello que dejan una muy buena primera impresión nada más verlos. Tienen diseños modernos y pintones, con materiales interiores agradables al tacto, acabados con buen ajuste y cargados de gadgets tecnológicos. Lejos quedan aquellos años cuando llegaban a Europa imágenes de los primeros coches que fabricaban las marcas chinas inspirándose o copiando descaradamente algún modelo europeo con bastante poca fortuna.

En pocos años le han dado la vuelta a esta debilidad contratando a diseñadores de coches referentes de todo el mundo, gracias a lo que ahora pueden presumir de un catálogo de modelos que, estéticamente, nada tienen que envidiar a europeos, coreanos o japoneses.

Otra área en la que han mejorado con mucha rapidez son los motores. Aunque siguen vendiéndose coches chinos con motores convencionales que, pese a cumplir con la normativa, no pueden rivalizar con los europeos en prestaciones, consumos o sonoridad, también es cierto que sus propulsores híbridos son cada vez más avanzados. Tanto, que actualmente puede decirse sin faltar a la verdad que están por delante de muchos fabricantes tradicionales.

Entonces, ¿por qué no arrasan directamente en el mercado? Las marcas chinas han traído a Navarra muy buen producto, pero se acompaña de algunas pegas. Para empezar, la fiabilidad a largo plazo es un misterio, aunque los fabricantes del gigante asiático están dando garantías muy largas para aplacar este temor.

Ahora bien, de nada sirve una garantía larga si el coche tiene que visitar el taller por alguna avería mecánica y eso es algo que puede echar atrás a muchos compradores que no tienen todavía la suficiente confianza en las nuevas marcas. Otro problema relacionado pasa por la falta de repuestos para vehículos que hayan sufrido algún golpe o avería, inconveniente que algunos fabricantes chinos están mitigando con almacenes de piezas en suelo europeo.

Sin embargo, el principal hándicap de los coches del gigante asiático radica en que han sido diseñados para satisfacer los gustos del conductor asiático. China es un país inmenso y allí casi nadie se plantea largos viajes en coche, cuyo uso se limita a desplazamientos urbanos y periurbanos. Eso tiene varias consecuencias. Se prioriza la comodidad sobre el comportamiento, con suspensiones blandas que absorben sin rechistar baches, guardias dormidos y cojines berlineses, pero que convierten al vehículo en un barco cuando la velocidad aumenta y las curvas aparecen.

Las direcciones son extremadamente blandas, lo cual permite negociar los giros en la ciudad con el dedo meñique, pero en carretera obligan a corregir la trayectoria constantemente. Por último, se prioriza el espacio para los pasajeros a costa del maletero, por lo que la zona de carga suele ser sensiblemente menor que sus competidores tradicionales.

Todas estas limitaciones permiten a las marcas europeas plantarles cara con cierta solvencia todavía, pero tendrán que ponerse las pilas más pronto que tarde. Uno de los principales atributos reconocidos internacionalmente a la industria china del motor es la velocidad con la que adaptan sus productos y los afinan para ganar ventas. Un claro ejempo de esto último es el MG ZS, un modelo superventas que en primera generación resultaba muy chino en todos los sentidos, pero que con la segunda ha dado un buen paso adelante para europeizarse.

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